DE LA PALABRA A LA CONDUCTA
Mi encuentro con Ismael Cala y el poder de Next Level
Desde el periodismo, la inmigración y el estudio de la conducta humana, una experiencia que me recordó que sentirse realizado no significa haber llegado al final.
Por Asdrubal Boscan — CNP 7448
Desde mi experiencia como periodista, inmigrante y estudioso de las ciencias psicológicas de la comunicación, encontré en el método comunicacional de Ismael Cala algo más que inspiración: un estímulo capaz de reactivar la creatividad, el emprendimiento y la necesidad de seguir evolucionando. No llegué a Next Level buscando respuestas desesperadas ni tratando de llenar un vacío en mi vida. Llegué, precisamente, desde una sensación de realización. Después de décadas vinculadas al periodismo y la comunicación, de formación académica, de experiencias humanas profundas y de haber tenido que reconstruirme como inmigrante en Estados Unidos, puedo mirar hacia atrás y reconocer un camino recorrido con satisfacciones, dificultades, aprendizajes y profundas transformaciones. Me siento realizado. Pero Next Level me hizo comprender algo que hoy considero esencial: sentirse realizado no significa estar concluido. Hay encuentros que no llegan para corregir lo que somos, sino para mostrarnos cuánto de nosotros mismos todavía permanece esperando una oportunidad para manifestarse. Eso significó para mí esta experiencia junto a Ismael Cala. No fue simplemente escuchar una conferencia. Fue observar nuevamente mi propia historia desde otra perspectiva.
Cuando la vida obliga a comenzar de nuevo
Soy periodista por profesión y comunicador por vocación, pero también soy inmigrante. Y la inmigración tiene una particular manera de enfrentarnos con nuestra identidad. Cuando se abandona el país donde desarrollamos buena parte de nuestra trayectoria, descubrimos una realidad que puede resultar dolorosa: el nuevo lugar al que llegamos no necesariamente conoce quiénes fuimos. Los títulos no llegan primero. La trayectoria profesional no descarga las maletas. El reconocimiento conseguido durante años tampoco garantiza que las puertas se abrirán inmediatamente. Muchas veces hay que comenzar nuevamente. Yo tuve que hacerlo. Trabajé en hoteles realizando labores de aseo. Trabajé en construcción. Realicé tareas que estaban muy alejadas del ejercicio profesional que había desarrollado durante tantos años. Y hoy puedo contarlo con absoluta tranquilidad porque comprendí algo fundamental: ningún trabajo digno disminuye la condición de un ser humano. Limpiar una habitación después de haber ejercido el periodismo no borró mi formación. Trabajar en construcción no eliminó los conocimientos que había adquirido. Simplemente agregó nuevas páginas a mi historia. Aquellas experiencias me enseñaron humildad, resistencia, disciplina y adaptación. Me permitieron comprender la diferencia entre aquello que hacemos circunstancialmente para sobrevivir y aquello que verdaderamente somos.
Pero hubo otra experiencia que marcó especialmente mi visión del fenómeno migratorio: trabajar en un centro relacionado con inmigrantes que ingresaban por la frontera. Allí dejé de observar la inmigración exclusivamente desde la distancia del periodista. La vi en los ojos de las personas, en el cansancio, en el miedo, en la incertidumbre, en familias que llegaban cargando muy pocas pertenencias materiales y, sin embargo, transportando algo inmenso: esperanza. Aquellos rostros me hicieron comprender todavía mejor que emigrar no consiste únicamente en atravesar una frontera geográfica. Existen otras fronteras mucho más complejas: la del orgullo, la del miedo, la de la frustración, la de aceptar que quizás tendremos que comenzar desde un punto que jamás imaginamos. Y probablemente por haber vivido esas experiencias, mi encuentro con Next Level no podía convertirse para mí en una experiencia superficial. Yo escuchaba a Cala desde la experiencia acumulada de muchas versiones de mí mismo: el periodista, el inmigrante, el trabajador, el estudiante, el comunicador y el observador permanente del comportamiento humano.
La comunicación como fenómeno psicológico
Mi formación en las ciencias psicológicas de la comunicación y el análisis de la conducta me ha llevado durante años a mirar la palabra desde una perspectiva particular. La comunicación no consiste solamente en transmitir información. Comunicar significa generar una reacción. Una palabra puede informar, pero también puede estimular una emoción. Una pregunta puede provocar introspección. Una idea puede modificar una decisión. Y un mensaje adecuadamente construido puede convertirse en el inicio de una conducta. Por eso, mientras escuchaba a Ismael Cala, no solamente prestaba atención al contenido de sus palabras. También observaba el mecanismo comunicacional: la construcción del mensaje, las pausas, la capacidad de conectar una experiencia personal con una reflexión colectiva y la forma en que una idea puede convertirse en estímulo.
Porque existe una enorme diferencia entre hablarle a una persona y conseguir que esa persona dialogue consigo misma. Allí encuentro uno de los aspectos que más me interesan de Cala desde mi perspectiva profesional. Su comunicación, al menos desde la manera en que yo la experimento, no termina cuando pronuncia una frase. Comienza realmente después, cuando quien escucha se lleva esa frase consigo, cuando la procesa, cuando la confronta con su propia historia, cuando se pregunta qué está haciendo con su vida y, sobre todo, cuando esa reflexión comienza a transformarse en acción. Eso es precisamente lo que ocurrió conmigo.
De la inspiración a la conducta
Next Level comenzó a despertar preguntas: ¿Qué conocimientos acumulados durante tantos años todavía puedo transformar en nuevos proyectos? ¿Qué experiencias aparentemente inconexas pueden formar parte de una nueva propuesta? ¿Qué puede surgir de combinar periodismo, comunicación, inmigración, psicología de la comunicación, análisis de la conducta y emprendimiento? De pronto entendí que quizás el próximo proyecto de mi vida no tiene que surgir ignorando mi pasado. Puede surgir exactamente de lo contrario: reuniéndolo.
Durante años podemos cometer el error de observar nuestra existencia como una colección de capítulos independientes: mi etapa como periodista, mi experiencia como inmigrante, el trabajo en hoteles, la construcción, el contacto con quienes llegaban por la frontera, mis conocimientos sobre comunicación y mi interés por comprender la conducta humana. Pero Next Level me llevó a mirarlos como una sola historia. Porque todos esos hombres soy yo. Ninguna de aquellas experiencias anuló a la anterior. Cada una agregó una herramienta. Y entonces apareció una pregunta que considero poderosa: ¿Qué puedo construir ahora con todo lo que he vivido? Ahí comienza el verdadero emprendimiento. No necesariamente cuando aparece un negocio. Comienza cuando una persona descubre una posibilidad.
Realizado, pero no concluido
Existe un momento de la vida en el que resulta muy fácil comenzar a conjugar demasiados verbos en pasado: yo hice, yo conseguí, yo estuve, yo trabajé, yo fui. Y es legítimo sentirse orgulloso de lo alcanzado. Yo lo estoy. Pero quizás uno de los mayores peligros de sentirnos realizados sea confundir realización con conclusión. No quiero vivir solamente hablando de aquello que hice. También quiero hablar de aquello que haré. No únicamente de lo que escribí, sino de lo que todavía escribiré. No solamente de aquello que construí, sino de lo que aún puedo construir.
Por eso digo que la influencia de Next Level y mi intercambio con Ismael Cala han tenido para mí un carácter trascendental. No porque hayan venido a llenar un vacío. Todo lo contrario. Next Level no llegó a llenar un vacío en mi vida; llegó a encender una nueva posibilidad. Esa diferencia resulta fundamental. Una cosa es buscar inspiración cuando nos sentimos perdidos. Otra muy diferente es encontrar inspiración cuando sabemos quiénes somos, reconocemos nuestros logros, valoramos nuestra historia y, aun así, descubrimos que todavía existe una parte de nosotros deseando crear.
Cuando vuelve la musa
Los periodistas y escritores conocemos bien esa expresión: la musa. Ese instante difícil de explicar en el que una idea comienza a tomar forma. Pero hoy creo que la musa no pertenece exclusivamente a la escritura. También existe la musa del emprendimiento, la del proyecto, la de la transformación. Es esa voz interior que nos dice que todavía podemos intentar algo diferente. Y precisamente eso ha despertado mi intercambio con Cala: curiosidad, creatividad, ideas, deseos de emprender. No desde la insatisfacción con mi vida, sino desde algo completamente distinto: desde el agradecimiento por todo aquello que la vida me ha permitido experimentar.
Porque después de haber tenido que comenzar nuevamente como inmigrante resulta difícil convencerme de que una nueva etapa sea imposible. Ya tuve que reconstruirme. Ya desempeñé trabajos que nunca imaginé. Ya tuve que aprender nuevamente. Ya descubrí que la dignidad no depende de una profesión. Y ya comprobé que comenzar desde abajo no significa permanecer allí. Hoy puedo mirar mis manos y recordar que alguna vez sirvieron para escribir una noticia, también para limpiar, para trabajar en construcción, para ayudar y nuevamente para escribir. Eran siempre las mismas manos: las de un hombre avanzando.
El verdadero próximo nivel
Quizás allí encuentro finalmente el significado más profundo de esta experiencia. Next Level no significa convertirse en otra persona. Significa descubrir cuánto de la persona que ya somos todavía no hemos utilizado. No se trata de borrar nuestra historia. Se trata de convertirla en materia prima. No se trata de negar nuestras etapas difíciles. Se trata de encontrar el aprendizaje que dejaron. No se trata de vivir permanentemente contemplando nuestros logros. Se trata de preguntarnos qué podemos construir sobre ellos.
Mi relación profesional con la comunicación me enseñó que las palabras tienen poder. Mi formación en conducta humana me enseñó que ese poder adquiere verdadero significado cuando termina provocando una acción. Y mi experiencia con Ismael Cala me recordó que, algunas veces, una conversación puede actuar como detonante. Puede despertar una idea, mover una emoción, volver a encender una vocación emprendedora y hacer que un hombre que se siente realizado vuelva a mirar hacia adelante.
Por eso hoy puedo resumir esta experiencia en una frase que representa exactamente el momento que vivo: Me siento realizado, pero no concluido. Todavía existen proyectos que imaginar, historias que escribir, ideas que convertir en realidad, conocimientos que compartir y nuevos caminos por descubrir. Quizás ese sea finalmente mi verdadero Next Level: no convertirme en alguien distinto, sino tomar todo aquello que he sido —periodista, inmigrante, trabajador, estudioso del comportamiento humano y comunicador— y convertirlo en combustible para aquello que todavía puedo llegar a ser.
Porque después de todo lo vivido he descubierto algo extraordinario: mi historia tiene pasado, tiene presente… pero todavía le sobra futuro.
Asdrubal Boscan
CNP 7448












