Por Licenciado Asdrubal A. Boscán, CNP 7448
La palabra “libertad” ha sido prostituida tantas veces en la política internacional que ya no emociona… Y cuando Donald Trump la convirtió en consigna para Cuba y Venezuela, muchos aplaudieron. Otros, simplemente, entendieron que algo más grande se estaba moviendo detrás del telón. Trump no habló en términos diplomáticos, no prometió diálogo, prometió libertad, y en política, esa palabra nunca llega sola, viene acompañada de presión, intereses y muchas veces, intervención.
Venezuela: ¿liberación o cambio de dueño?
En Venezuela, el discurso se volvió acción, el fin del régimen de Nicolás Maduro fue presentado como una victoria de la libertad, pero la realidad es más incómoda que el titular.
Sí, hubo quiebre.
Sí, hubo liberaciones.
Sí, hubo un reordenamiento del poder.
Pero la pregunta que nadie quiere responder, está satisfecho el venezolano, la respuesta es NO.
¿Quién controla ahora Venezuela?
Porque cuando una transición ocurre bajo presión extranjera, la libertad no siempre es soberanía, a veces es dependencia con otro nombre, o geopolítica disfrazada de salvación.
El petróleo, la influencia regional y el control estratégico no son teorías conspirativas,son la base de la política internacional, en ese tablero, Venezuela dejó de ser solo una nación en crisis… para convertirse en una pieza clave.
Cuba: la asfixia como método
En Cuba, Trump no ha necesitado tanques.
Le ha bastado con algo más silencioso y, quizá, más devastador: la asfixia económica, sanciones, presión financiera, aislamiento, un cerco que no dispara balas, pero golpea igual. El régimen cubano sigue en pie, sí, pero cada apagón, cada escasez, cada crisis interna lleva una firma indirecta, Donald John Trump.
La apuesta es clara:
hacer inviable el sistema hasta forzar su caída.
La pregunta es igual de incómoda:
¿Esto es liberar un pueblo… el cubano agradecería su libertad sin importar la metodología, la respuesta es sí, vivir bajo el adoctrinamiento y el yugo de la familia Castro por más de 60 años, merece el sacrificio y la recompensa de la libertad. La excusa perfecta
El presidente de los Estados Unidos puede decir que está cumpliendo, y los hechos dicen que sí. Actuó en Venezuela.
Presiona en Cuba. Pero el problema no es lo que hizo, es por qué lo hizo.
Porque en política exterior, la libertad rara vez es el objetivo principal, es el argumento perfecto, en este caso para un personaje que es más empresario que político, los desafío los toma a título personal, justificando sanciones, legitimando intervenciones y Convirtiendo intereses en causas nobles. La verdad incómoda
Ni Cuba es hoy libre.
Ni Venezuela es plenamente soberana.
Lo que sí es evidente es que el mapa de poder cambió, Y ese cambio tiene nombre, dirección, estrategia y nombre.
Trump no prometió un proceso democrático lento, prometió resultados, y los está imponiendo a la mexicana.
Los está exigiendo, más como estratega empresarial que como líder político. Conclusión: libertad bajo condiciones
La historia será la que juzgue si esto fue una liberación o una recolonización moderna. Pero hay algo que ya es innegable: Cuando una potencia promete libertad, lo primero que llega no es la democracia… es el control, y el resto, casi siempre, viene después













