¡Israel Siempre. Hamás jamás!
Por Antonio Ledezma.
Hoy más que nunca cobra relevancia y vigencia la sentencia hecha pública por
Benjamín Franklin al pronunciar la frase según la cual “nunca hubo una guerra buena o
una paz mala”. Ante esa reflexión, propia de un estadista comprometido con las mejores
causas en pro de la convivencia pacífica entre los seres humanos, aun con las ideas y
creencias más divergentes, choca, estrepitosamente, la exaltación manifestada a favor de
los jóvenes palestinos por parte del líder supremo de Irán, Ali Jamenei, para quien es
“motivo de orgullo el ataque sorpresa contra Israel”. Para Ali Jamenei la masacre
ejecutada, arteramente, por esos grupos terroristas merecen, en vez de una condena y un
firme repudio, “besar la frente y las manos de los inteligentes y habilidosos diseñadores
de esta operación y de la juventud palestina, estamos orgullosos de ellos”, afirmó el
dirigente en una ceremonia de graduación militar, es el mismo líder supremo iraní, que
días antes del ataque, publicó en redes sociales que, “el régimen sionista es un cáncer
que está a punto de ser exterminado por el pueblo palestino”.
Es sin duda una apología a la guerra, con su consabida escalada de violencia y
consecuente mortandad esparcida en todos los terrenos. Nada diferente a la línea que
desde La República Islámica de Irán se ha trazado para definir la enemistad hacia Israel
de quien se declaran adversarios virulentos, y ven como un peligro existencial mutuo,
mientras pugnan por la hegemonía regional y mantienen una guerra encubierta con
ciberataques, asesinatos y atentados. Es evidente e innegable que desde Teherán se
apoya descaradamente al grupo libanés Hizbulá, a la Yihad Islámica y al movimiento
islamista Hamás, incluso, por las redes sociales circulan mensajes en los que factores
relacionados con esos actos terroristas “agradecen a Irán el apoyo con armas” para
haber podido llevar adelanta tal barbaridad. No disimulan ni niegan que son los iraníes
los que encabezan el denominado eje de la Resistencia contra el Estado Judío, su
némesis, buscando siempre echar abajo los pilares del régimen sionista.
Bien conocida es la lucha emprendida por el movimiento sionista para ubicar en un
punto de la tierra el sueño de un Estado Judío. Pasada la página del imperio Otomano,
una vez cerrado el capítulo de la Primera Conflagración Mundial, la jerarquía británica
fue destinataria de un mandato expreso de la Liga de Las Naciones para que se abocara
a administrar el territorio de palestina. Lamentablemente el incumpliendo de acuerdos
adelantados, tanto con judíos como con representantes de los árabes, dio lugar a una
seguidillas de eventos violentos protagonizados por enclaves nacionalistas árabes y
sionistas que levantó colisiones entre tropas paramilitares judías y cuadrillas árabes. Los
lideres del reino Unido estaban muy ocupados de repartirse con los franceses el Medio
Oriente.
Fue un área de la región de palestina enmarcada entre el rio Jordán y el mar
Mediterráneo, valorada como sagrada para musulmanes, judíos y católicos, en la que
estaban asentados de forma mayoritaria árabes y algunas comunidades de origen
musulmán, la escogida para hacer realidad el sueño de establecer un Estado judío.
Después de superada la Segunda Guerra Mundial y los estragos que dejó el holocausto,
se intensificó el esfuerzo sionista para que tal propósito se consolidara y de esa manera
la porción territorial estipulada, que estaba bajo la tutela de la potencia europea, se
repartiera entre judíos y palestinos. Desde entonces no han cesado los conflictos, a pesar
de los continuos y accidentados propósitos pacifistas emprendidos, fundamentalmente,
por gobiernos de occidente, para tratar de apagar los fuegos que cruzan los cielos que
cubren ambas partes en batallas.
Estas agresiones van desde la embestida asumida por Egipto, Irak, Siria y Jordania en
1948 con la invasión del territorio asignado al naciente Estado de Israel, que los judíos
convirtieron en La Guerra de Independencia. Posteriormente, en 1956, surge al brete del
Estado de Israel con Egipto por el Canal de Suez; seguidamente tiene lugar la conocida
Guerra de Los Seis Días, acontecida entre el 5 y el 10 de junio de 1967, en ese conflicto
se demostró el arrojo y poderío israelí al obtener una contundente victoria sobre la
reagrupación árabe y desde entonces imponer un mayor control sobre la disputada
Franja de Gaza, también se expanden hacia la península del Sinaí (Egipto), ocupan
Cisjordania (contempla igualmente Jerusalén Oriental, Jordania) y enarbolan su
estandarte en los Altos del Golán de Siria. Seis años después, en 1973, estalla la guerra
de Yom Kipur que produjo cicatrices que pareciera no haberse cerrado con el paso del
tiempo, en el que los sirios recuperaron el Sinaí, quedando bajo discordia la Franja de
Gaza, al tanto que Egipto y Jordania dan un paso alentador hacia la firma de la paz con
Israel.
En la actualidad se avivan las tensiones y todo parece indicar que los que promueven los
ataques contra el Estado de Israel son grupos de naturaleza terrorista que no buscan
territorios, sino nos atenemos a las disparatadas proclamas de Mamhamond Al-Zahat,
encumbrado clérigo de la agrupación Hamás, para quien en un ataque frontal contra la
civilización occidental confiesa que “esto no se trata de tierra. No sólo Palestina. La
totalidad del planeta, el Mundo quedará bajo nuestro dominio; no habrá más judíos ni
cristianos”.
Lo insólito es que gobernantes del ámbito hispanoamericano se involucren a favor de
estas acciones que van desde decapitar bebes hasta poner en desequilibrio la seguridad
planetaria. Los socios del Foro de Sao Paulo que gobiernan en Venezuela, Bolivia,
Colombia y México se recuestan al lado de Hamás y de Hizbulá y esas malas y
deplorables jugadas vienen desde los tiempos en que Hugo Chávez comenzó a
involucrar a Venezuela, tal como oportunamente lo denuncio el expresidente Carlos
Andrés Pérez en enero de 2009, alertando que, “de manera tan sesgada e irresponsable
comete un nuevo acto criminal contra la imagen de nuestro país, admirado
tradicionalmente por su pluralidad, apertura y sin discriminaciones de raza o religión.
Antes lo hizo solidarizándose con los secuestradores criminales de la FARC”.
Carlos Andrés Pérez describía, entonces, como “un brote de racismo y de fanatismo anti
norteamericano que domina al Sr Chávez, que lo inducia ahora como títere del
Presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad, a convertirse en la «Lengua» más feroz de
los antisemitas más extremistas del mundo. Su ignorancia y temeraria irresponsabilidad
lo lleva siempre a alinearse con los peores interés de la humanidad y de la paz,. Lo
viene haciendo por años cooperando con el grupo narco terrorista y secuestrador de la
FARC. Luego con Hezbollah en el Líbano , con el régimen oprobioso de Robert
Mugabe, y ahora con el grupo terrorista Hamás que con el apoyo militar y financiero de
Ahmadinejad tiene secuestrado a parte del pueblo palestino en Gaza”.
Ante tal locura desenfrenada estamos llamados a exclamar ¡Israel siempre. Hamás
jamás! Guardar silencio sobre el ataque de Hamás a Israel constituye solidaridad con el
terrorismo islamita, cuyo objetivo es la destrucción de Israel, más que la creación del
Estado Palestino. Este puede tener justificación pero, Hamás toma como condición
necesaria el rechazo a la existencia de Israel, de modo que principios y acuerdos para la
solución per se que se han suscrito, jamás Hamás los ha reconocido.
@AlcaldeLedezma













