Nadie que se detenga a analizar el grave problema, la tragedia que vive el pueblo venezolano, y le busque una explicación lógica a este desastre, realmente no la consigue porque es inconcebible que un país con las condiciones del nuestro, bendecido por la naturaleza divina con recursos mineros agrícolas, pecuarios, y con gente trabajadora y emprendedora, hoy día se encuentre ubicado entre los países más pobres del mundo, ganándole en esa laméntale categoría a Haití y otros países africanos azotados por guerras intestinas y prolongadas sequías.
Esta desgracia sólo fue posible con la llegada de un orate desalmado como Hugo Chávez Frías, acompañado de una camarilla de comunistas asesinos, inescrupulosos y desfalcadores que durante trece años de desgobierno fue tejiendo una especie de madeja cancerígena que fue irrumpiendo en todo el cuerpo de la nación, algo así como un maléfico proyecto de destrucción, continuado por el incapaz y rudimentario de Nicolás Maduro quien en siete años de gobierno, dos de usurpación, ha terminado de coronar el cataclismo de su antecesor y mentor.
Han sido más de veinte años durante los cuales lo impensado e insospechado ha tenido lugar en la Venezuela petrolera, comenzando con la quiebra de PDVSA, en otros tiempos considerada como una de las transnacionales del petróleo más importantes y promisorias del mundo, la cual consiguió el bandido de Chávez con una producción de tres millones quinientos mil barriles diarios que al día de hoy se ha desplomado a menos de cuatrocientos mil barriles diarios lo cual , al lado del desastroso desempeño de Maduro, ha traído aparejada la peor crisis económica y social que haya podido soportar cualquiera país empobrecido del mundo.
Esa formidable producción petrolera acompañada de un crecimiento elevado de los precios del barril de petróleo, producto de una coyunturaeconómica al elevarse excesivamente la demanda del crudo por parte de países emergentes, llevaron a Venezuela a recibir unos dos billones de dólares solamente por la venta de su petróleo, colosal fortuna que traducida en bolívares produce unos guarismos que la mente humana no determina fácilmente.
Para tener una idea, y esto lo ha planteado este cronista muchas veces, de la incuria de este régimen comunista basta con recordar que al final de la segunda guerra mundial, los Estados Unidos de América dispusieron de un fondo, el Plan Marshall, para ayudar a la reconstrucción de la Europa destruida por los bombardeos de la Alemania nazista (Francia, Polonia, Inglaterra, Bélgica, entre otros), equivalente a la suma de trece mil millones de dólares. En Venezuela estos delincuentes manejaron miles de “planes Marshall y lo que hicieron fue destruir el país.
En esta vergonzosa revolución lo único que prosperó fue el robo descarado de los miles de millones de dólares que eran de todos los venezolanos, el despilfarro y la regaladera de unos trescientos mil millones de dólares a otros países con la bastarda intención de comprar solidaridades.
Miles de millones de dólares pedidos en obras para la corrupción contratadas con la empresa brasilera OdebrechtEntre las obras paralizadas, 11 de ellas de gran envergadura, figuran dos enormes puentes, uno sobre el rio Orinoco y la via alterna al puente sobre el lago de Maracaibo, bautizado con el nombre del Cacique Nigale, el cual tendría una red sub lacustre que según Chávez permitiría ver los bocachicos los bagres y las lisa a los usuarios desde sus vehículos. Esta obra se quedó en la colocación de la piedra fundacional y uno que otro pilote, hoy destruidos.La línea 2 del metro Caracas-Los Teques, un tren que uniría las ciudades dormitorio de Guarenas y Guatire con Caracas, metrocables, un proyecto agrario, la modernización del principal aeropuerto del país y una central hidroeléctrica.
Muchas de ellas se iniciaron en el 2006 para ser entregadas tres años más tarde. Unas cuantas de esas obras fueron pagadas sin ser terminadas y no hay nadie preso. Po cierto, el 27 de marzo del 2018, el usurpador Maduro aseguró en cadena nacional que“donde hayan obras de la empresa Odebrecht sin terminar, yo daré los recursos para culminarlas”. El año entrante se cumplen tres años de esa promesa. Vengan pa que las vean.
Esta inservible revolución no sólo no hizo nada y se robó toda esa montaña descomunal de dólares, sino que destruyó también la infraestructura de servicios públicos que había sido edificada en el país en los cuarenta años de gobiernos democráticos anteriores a este bodrio de régimen.
Como el mejor ejemplo está el colapso del servicio eléctrico que era considerado como uno de los más eficientes del mundo y hoy la casi totalidad del país vive apagada la mayor parte del tiempo por un inclemente racionamiento e intempestivosapagones-
Acabaron con el servicio de agua potable al no darle mantenimiento a los acueductos ni ampliaciones, como tampoco construyeron una sola represa para responder al incremento lógico del consumo. Buena parte de Venezuela vive sedienta. Hospitales abandonados sin poder garantizar atención a los enfermos. Lo demás, nada sirve
El corolario de este desastre desembocó en una terrible hiperinflación que empobreció a la mayoría del pueblo venezolano cuyos salarios son mínimos para todos y no alcanzan hoy día ni para comprar una bolsa de veinte panes.
Y vino lo que tenía que darse ante el fantasma del hambre que deambulaba con el moño suelto por toda Venezuela, e hizo abandonar el país a unos cinco millones de venezolanos, jóvenes y profesionales en su mayoría, en búsqueda del bienestar y futuro que su país, arruinado por la revolución, les negaba.
Esta es, apenas, una breve sinopsis, de esta Venezuela en la decadencia que ha dejado esta mierda de revolución en más de veinte años de asalto continuado.
A pesar del clamor popular, Maduro se niega a dejar el poder y se atornilla con el apoyo de los fusiles y grupos violentos armados ilegalmente que violan derechos humanos, torturan y matan. Convoca unas elecciones parlamentarias fraudulentas por un CNE elegido por el mismo gobierno a las cuales no acudirá a votar el pueblo venezolano.
Son elecciones a la carta, con la colaboración de un grupo de sinvergüenzas que no resistieron la picada de ojo que les hizo el régimen en la creencia que con su presencia legitimarán el fraude y la farsa del seis de diciembre.
El mundo civilizado y democrático no las reconocerá. La gente se preguntará cómo puede ganar elecciones un gobierno en un país done más del noventa por ciento de la población muere de hambre y de necesidades.
Emiro Albornoz León/Periodista

















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