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J.J. Rendón: «María Corina Machado debe salir del modo campaña y entrar en el modo soluciones»

El estratega político defiende la hoja de ruta de Washington, pide paciencia ante la transición y advierte que forzar las elecciones presidenciales desgastará a la oposición y abrirá paso a una tercera opción

Venezuela afronta el reto de salir de una devastadora crisis política, económica e institucional. El colapso de los servicios públicos, la demolición educativa, la inflación y la represión redujeron las perspectivas de futuro para millones de ciudadanos.

La salida de Nicolás Maduro no resuelve por sí sola el balance que dejan 27 años de chavismo. El desafío consiste en transformar el cambio político en una ruptura con las estructuras que destruyeron las instituciones, empobrecieron al país y restringieron las libertades.

La reconstrucción nacional exige mucho más que desplazar a quienes ejercieron el poder. Implica desmontar los mecanismos que hicieron posible su dominio y recuperar una sociedad fracturada en sus instituciones y en sus vínculos ciudadanos.

J.J. Rendón conoce la política desde la disputa directa por el poder. Considerado uno de los estrategas latinoamericanos con mayor proyección internacional, ha asesorado a dirigentes durante cuatro décadas y participado en más de 40 campañas presidenciales en el continente.

Su principal línea de trabajo ha sido el enfrentamiento con los regímenes socialistas de la región. En Venezuela, su confrontación con el chavismo lo convirtió en blanco de persecución estatal bajo los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Desde Miami encabeza la firma Strategic Creativity.

Frente a la escasez de explicaciones sobre el momento venezolano, la saturación de versiones interesadas y el bloqueo contra los medios tradicionales alimentan la confusión y dificultan separar los hechos de la desinformación deliberada.

—Una venezolana de la vieja generación me mandó anoche un mensaje. Muy preocupada, casi llorando, decía que Luis Carlos Díaz denunció en la segunda parte de un programa de César Miguel Rondón que las torturas han seguido después del 3 de enero. Cuando usted se encuentra con esa situación, ¿cómo aplica la estrategia de que hay que esperar? Hemos esperado 27 años y podemos esperar unos días más. ¿A los que están torturando también les pido paciencia?

—Si existen evidencias concretas y verificables debemos prestarle atención a la denuncia. Mucha atención y no actuar sin saber lo que realmente ocurrió. No debemos difundir si no está verificado. En los años ochenta estudié con Jean-Noël Kapferer, autor del libro Rumors: Uses, Interpretations, and Images, y de numerosos textos de referencia internacional, entre los que destacan The Luxury Strategy, escrito con Vincent Bastien, y Strategic Brand Management. Jean-Noël sentó las bases para el análisis científico de cómo nacen, se propagan y se desmienten las noticias falsas y los chismes de forma masiva. Colegas y amigos han tratado de usar eso en mi contra, diciendo que soy experto en rumores, queriendo decir «experto en propagar rumores». Cuando estudiaba psicología en la universidad me llamaban mucho la atención las reacciones sociales histéricas. Nadie habla del 28 de agosto. Un fenómeno de histeria colectiva. Alguien dijo que el Ávila se iba a abrir porque era un volcán y que el mar iba a inundar Caracas. Todos los caraqueños se fueron de Caracas. Caracas se quedó sola, pero no pasó nada. Recuerdo haber recorrido la Cota Mil al revés, comiéndome la flecha. Los rumores se propagan como un virus. Se relacionan, entre otras cosas, con la incertidumbre, la desinformación o la falta de información. No siempre son falsos. A veces tienen evidencias concretas. Es posible que los rumores pierdan su origen, se trasladen a otro contexto y permanezcan por muchísimo tiempo. Cuando empezó el problema del sida decían que había gente que ponía agujas infectadas en las butacas de los cines. Nunca ocurrió: el VIH al aire libre muere en segundos. Otro rumor de ese tipo es el robo de órganos. Para que un órgano pueda ser trasplantado tiene que obtenerse en ciertas condiciones, tiene que haber compatibilidad genética, tiene que haber un receptor y tiene que estar preparado para el trasplante. No es tan fácil. La mayoría de las leyendas urbanas son rumores falsos que alimentan la desinformación.

—Se impuso la hipersaturación informativa.

—Los medios han perdido credibilidad y hay un exceso de fuentes de información no fidedignas que produce una sobresaturación. El cerebro humano no puede recibir la cantidad de información diaria que recibimos. Cuando la recibe, la reacción de la mente es huir, correr, ver el peligro y tratar de discriminar todo lo que le puede ser dañino o perjudicial. No hay mucha participación del lado racional, del lado lógico, y se toman muchas decisiones por eventos que no han ocurrido, no están ocurriendo ni probablemente ocurrirán. La información hay que verificarla. La señora está reaccionando sobre lo que dijo Luis Carlos Díaz en el programa de César Miguel Rondón, que tiene como fuente un informe de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos: en Venezuela se sigue torturando después del 3 de enero de 2026. ¿Viste el informe?

—No, César Miguel Rondón y Luis Carlos Díaz son personas de credibilidad, son sobrios y tienen muchos seguidores.

—Pero tienen que citar el informe, la página, el sitio web y su enlace. Es la forma de dar veracidad y validez a lo que se está diciendo. No solo es cierto porque lo dijo alguien serio y con muchos seguidores. Cualquier comentario o información posterior al 3 de enero sobre amnistía, tortura, encarcelamiento, violaciones de los derechos humanos, de la libertad de expresión o de la propiedad privada debe referirse a la fuente de la que procede y, además, facilitar a los demás periodistas o a la opinión pública el acceso a la fuente original: el informe y su enlace directo, para que la gente lo pueda verificar. Ante una información no verificada, sea un chisme o una presunción, mi recomendación es que la sociedad civil, la gente pensante y los medios serios se inhiban de darle juego. De lo contrario, terminan siendo verificadas, pero al revés, lo que perjudica la credibilidad del emisor y enturbia el ambiente psicológico de la población venezolana. La población, en lugar de mantener una actitud esperanzada y proactiva, puede entrar en un estado de negatividad y desesperanza. No por la acción del régimen, sino por el comentario del influenciador, periodista o difusor de información. Ante ese tipo de información, la duda debería ser la tendencia natural de una persona racional. No hay que darlo por cierto porque lo haya dicho alguien serio o medio serio. No. ¿Dónde están las evidencias? Los seres humanos, incluso la gente más seria del mundo, somos proclives a dejarnos llevar por rumores y creencias. El mejor ejemplo de esto es lo que nos pasó con el covid-19. Gente seria que sacó imágenes de laboratorio que demostraban que las mascarillas no protegían, pero no valió de nada. Los gobiernos obligaron al planeta entero a ponerse las mascarillas bajo la falsa premisa de que funcionaban. Al contrario, dan una falsa sensación de seguridad que probablemente hizo que el virus se transmitiera más, no menos. La ciencia sabía que el contagio del coronavirus en los niños era mínimo, menos de 0,0001%, pero obligaron a muchos padres a vacunar a sus hijos con un fármaco experimental y contraproducente.

—Los rumores no son invencibles, se pueden conjurar.

—Desde los comienzos de la humanidad, en situaciones donde hay alta tensión, estrés, angustia, la gente tiende a moverse basándose en rumores. En la segunda mitad de la década de los noventa hubo un rumor muy fuerte, constante, de que el presidente Rafael Caldera se había muerto y que se había constituido una junta militar. Ante la falta de información, hubo compras nerviosas y casi corridas bancarias ante la supuesta situación de inestabilidad política. Los rumores crecían y crecían hasta que El Nacional publicó en la primera página una foto del presidente Caldera jugando dominó con el alto mando militar con el título: «No estaba muerto, estaba de parranda». El rumor quedó reducido al absurdo y murió. Los medios, instituciones y funcionarios pueden frenar una ola de rumores. Lamentablemente, hoy todo el mundo tiene la misma capacidad de difundir información y la credibilidad está más basada en la simpatía que en la solidez académica, profesional e histórica del transmisor. En mi trabajo, por supuesto, yo oigo rumores, clasifico rumores, pero también discrimino lo que es verdad y lo que no es verdad. Sobre todo porque muchas decisiones de Estado se basan en rumores. Por ejemplo, hay funcionarios que son honestos, pero alguien puede montar un rumor de que son deshonestos. Un ejemplo es el caso de Andrés Caldera, a quien le decían «pimentón» porque supuestamente estaba en todos los guisos. A la luz de los años que han pasado, Andrés Caldera no fue un funcionario corrupto. Probablemente hizo cosas que no explicó: fue a París y se quedó en un apartamento de un amigo, y alguien dijo que él tenía un apartamento en París. Iba mucho al restaurante de otro amigo y entonces le dijeron que era socio del restaurante. Cuando salió el gobierno, Andrés Caldera llevaba una vida austera. Me consta. Ni siquiera austera, más que austera. Tuvo que empezar de cero a rehabilitarse económicamente. No fue corrupto y se le hizo mucho daño.

La memoria corta en la era digital

—No podemos leerlo todo ni recordarlo todo. Hasta los medios repiten noticias viejas con pequeñas variaciones.

—Al lado de los rumores constantes tenemos un problema peor: la memoria corta. Estamos tan saturados con toda la información que nos llega a través de TikTok, Instagram, Facebook y X que no tenemos capacidad, como sociedad, para recordar lo que una persona dijo el viernes y contrastarlo con lo que afirmó el lunes pasado. En cualquiera de los canales de YouTube podemos leer los titulares: «Agarraron a Diosdado», «Se fue Diosdado», «Le quedan 20 minutos a Diosdado», «Se murió Diosdado», «Se suicidó Diosdado», «Se escapó Diosdado», pero nunca aparece la rectificación o el reconocimiento de la equivocación. No abogo por la censura, pero debería haber una sanción moral. En el mundo digital, las palabras no se las lleva el viento: quedan en la cueva. Los motores de búsqueda las indexan, la inteligencia artificial las incorpora a su entrenamiento y se genera una retroalimentación: entra una mentira, la mentira se potencia, la mentira se establece, la mentira continúa, la mentira se recicla. Antes se usaba la palabra presunto; hoy se le dice delincuente, malandro, terrorista, prostituta, lo que sea, y ni siquiera se añade: «Es mi opinión». Es altísimo el daño reputacional perpetrado contra miles de personas por cosas que ni siquiera pasaron. Nadie se retracta, nadie es sancionado. El daño reputacional que se le ha generado a miles de personas en el mundo por cosas que no pasaron es increíble. Y, lamentablemente, no existe ninguna regla —que yo creo que debería existir— que le diga a un medio: usted atacó a esta persona diciendo que era tal cosa, no basta con que usted se retracte; debe haber una reparación.

 —Es un problema de madurez de la sociedad, no de penalización.

—¿Madurez? Ayer había una manifestación de personas LGTBQ en Francia a favor de Palestina; al mismo tiempo, en las mezquitas de Francia estaban diciendo que había que tirarlas del edificio más alto con la cabeza hacia abajo. Esta gente no está consciente de que, si estuvieran en Palestina, las verían como personas dignas de la pena de muerte. Hablar de madurez, racionalidad y evolución de la sociedad es bueno, es deseable, pero es ingenuo; no es realista. La madurez social, por sí sola, no resuelve comportamientos incompatibles entre sí. Todo el tiempo me toca estar peleando con qué es verdad, qué no es verdad y qué decisión se toma. A veces toca tomar decisiones basadas en tendencias de cosas que la gente cree y que, a veces, no son verdad. Cuanto más irracional, emotivo, loco o traído por los pelos sea un rumor, más diría la gente pensante: «Contrastemos eso con hechos». A veces eso no ayuda; a veces lo efectivo es la ridiculización, la exposición o el señalamiento de la agenda que está detrás de lo que se está difundiendo.

Campañas de opinión y la hoja de ruta electoral

—¿Hay una campaña?

—Hay campañas, en plural, que se alimentan de la incertidumbre y crecen en la incertidumbre. No son emotivas ni espontáneas. Siento que hay una agenda que pretende alterar el proceso de Estados Unidos de llevar a Venezuela hacia unas elecciones de inmediato. Es una campaña integral, una campaña que despliega gran parte del liderazgo político opositor. Yo diría que 90%. Son, en gran parte, personas que tienen algún tipo de vocería: universidades, sindicatos, asociaciones. 90% de todos los influenciadores venezolanos, youtuberos, tiktokeros; gran parte de las plumas que firman los artículos de opinión y de los presentadores clásicos de nuestras televisoras, hombres y mujeres. No los voy a nombrar. Hay una campaña estructurada y todos participan conscientemente: saben que son parte de esa campaña. Hay cuatro niveles: los que están conscientes de lo que están haciendo, ya sea porque reciben dinero o porque actúan de manera militante. Tendrán sus justificaciones: «Yo estoy en este equipo que pretende esto, a nosotros nos conviene y lo vamos a difundir». Son alineados, militantes o reciben dinero para hacerlo. Un segundo grupo son los influenciadores influenciados. No están en la jugada, no están en los cuadros, no les van a dar ningún cargo, no cobran; son tontos útiles. Luego están los que nadan a favor de la corriente. Son intelectualmente deshonestos. Saben que están diciendo cosas que no son ciertas, pero tienen que manifestarse y lo hacen a favor de la tendencia. Por último, tenemos a la población en general, los consumidores de información de las redes, que son básicamente las víctimas de estas campañas.

—¿Cómo sabe que es una campaña programada, pensada, pagada?

—Es muy fácil determinar que es una campaña. Existe un software que compara la forma en que la gente frasea las cosas. Puedo decir que, desde finales de enero, más o menos, hasta hoy, se puede aislar una misma frase, un mismo razonamiento, utilizado por mucha gente al mismo tiempo. Eso determina que es una campaña orquestada. Cuando cambian la frase, todos la cambian a la vez. Por lo general, arranca con una frase pegajosa: «A la venezolana»; «Habrá transición con pueblo o no habrá transición»; «Se llevaron al dueño del circo, pero nos dejaron a los payasos»; «Se llevaron a Alí Babá, nos dejaron los 40 ladrones». Son frases cortas, pegajosas, que permiten meter debajo todo lo que sea. Me parece irresponsable. Es como querer convertir una película o una serie en una foto. Las cosas complejas se desarrollan en el tiempo y toman tiempo. No son instantáneas. Van mucho más allá de lo que uno desea, de lo que uno quiere, de lo que a uno le gustaría y de la impaciencia que uno tenga. Incluso trasciende la circunstancia humana de pérdidas de vidas, falta de alimentación, falta de medicinas, reencuentro de las familias, la libertad del preso político. Y, por cierto, no todos los presos políticos lo son. Algunos, muy pocos, tienen un prontuario criminal, pero son muchísimos los presos invisibles que no están en las listas de los presos políticos: personas con prohibición de salida del país o de entrada, medidas cautelares u órdenes de presentación, así como personas que no tienen acceso a su documentación o que, por procesos relacionados con los entes burocráticos, ven restringida también su libertad.

—¿A quién le puede interesar que se frustre un proceso hacia la democracia?

—A cualquiera que tenga una agenda personalista, una agenda inmediatista, una agenda propia. Aunque parezca que está alineada con los intereses de la nación o los intereses de la mayoría, en realidad está pujando por coronar —llevar a buen término— un proyecto que lleva mucho tiempo buscando y que no ha podido concretar. Lo ve cerca, a partir del 3 de enero, y lo ve lejos cuando no se define un calendario electoral.

—¿Está retratando a María Corina Machado?

—No necesariamente. A veces yo no sé quién maneja las comunicaciones. He trabajado toda mi vida para apoyar gobiernos, campañas y candidatos, pero también entiendo que Venezuela tiene circunstancias mucho más complejas que cambiar las máquinas de votación y poner una fecha. Volvemos a los razonamientos ligeros cuando dicen que podemos ir a elecciones con este CNE o que lo cambiemos y pongamos la fecha para dentro de 90 días. «La vez pasada no votaron los venezolanos de la diáspora; no importa si ahora no votan». Es lo que se dice. «La vez pasada se violó la ley; volvamos a violarla». Es lo que se dice. «Con ese sistema electrónico ganó la Asamblea de 2015; dejemos el sistema electrónico». No, señor. Hay un montón de cambios que deberían ocurrir: legislativos, institucionales, en el área militar y en los colectivos armados. Las elecciones no son solo electorales. Hay componentes militares, institucionales, internacionales, económicos y tecnológicos, además de condiciones de credibilidad y transparencia.

—Y uno muy importante: la gobernabilidad.

—Exacto, la sustentabilidad del triunfo: la gobernabilidad. Pensar que en Venezuela hay instituciones para que alguien pueda gobernar bien, sin ser chavista, digamos, sin venir de ahí, es iluso. Hoy lo que hay es una entelequia, un enredo, una trampa de la araña donde nadie sabe quién hace qué ni cómo lo hace. No hay manuales, no hay meritocracia, no se sabe quién llegó a qué cargo, por qué, quiénes son corruptos y quiénes no. No basta cambiar la cabeza. Ojalá fuera tan fácil.

El presidente de Estados Unidos Donald Trump. Foto: EFE

El tutelaje de Washington y los acuerdos de Estado

—Dicen que Estados Unidos solo piensa en el petróleo venezolano, que debió haber sacado a mengano y a zutano.

—Por supuesto que están pensando en su seguridad hemisférica y en su seguridad energética, pero también han pasado diez meses y en Venezuela no ha habido guerra civil. Ha habido, sí, una mejoría en la situación de los presos políticos, en la libertad de expresión; hay un montón de gente que ha regresado y está haciendo política, hay una visión global de que en Venezuela está pasando algo. No están entrando todas las inversiones como quisiéramos, pero están entrando poco a poco; hay indicadores de que van a tener un impacto en el mediano plazo. Pero otra vez vuelve el saboteo: no vendrá ninguna inversión seria e importante mientras no haya una presidenta o presidente electo, legítimo. Entonces, ¿cómo hizo Gómez? ¿Cómo hizo Pérez Jiménez? ¿Cómo se mantuvo? ¿Cómo hicieron los árabes sin democracia plena? El Estado está por encima de los gobiernos. Es la continuidad administrativa de la nación. Tutelados o no, son acuerdos de Estado. Tendremos tiempo de revisar esos acuerdos cuando tengamos un Congreso legítimamente electo. Pero es irresponsable decir que todo lo que se firme ahora se va a derogar, se desconocerá. ¿Cómo vamos a corregir el problema eléctrico, la crisis de salud, la escasez de los medicamentos y la falta de agua? No podemos corregir nada porque quienes lo corregirían serían ilegítimos. Y, mientras se legitiman, la gente se muere de hambre, de falta de medicina y falta de atención médica, y por falta de electricidad.

—Delcy Rodríguez está tratando de ganar puntos, piensa en su candidatura…

—Otro dilema absurdo: si corrigen la luz, el agua y dos o tres cosas, se quedarán gobernando para siempre. No. Si lograran que las personas olvidaran estos 27 años, se olvidaran de las torturas, de las muertes, de las persecuciones, del exilio, si lograran una amnesia total entre los venezolanos, tendrían algún tipo de oportunidad, pero no la tienen. Su única opción es tener un espacio de participación, y creo que es lo que pretenden, en la Asamblea Nacional, en algunas alcaldías, en algunas gobernaciones, y, eventualmente, en un futuro muy lejano, tener algún tipo de candidato viable. Cualquier candidato que salga a reivindicar los 27 años del chavismo no le irá bien. La tendencia predominante no es de continuidad sino de cambio, de casi radical a radical. El que está en el poder no puede surfear la ola del cambio. Alienan a sus bases. Mientras más duren, más ayudan a recordar todo lo que pasó y más viva mantienen la memoria. No tengo ninguna duda de que habrá elecciones libres, transparentes y correctas lo antes posible. Creo que deberíamos hacer elecciones parlamentarias primero, de gobernaciones y alcaldías después y, por último, las presidenciales. De este modo se garantizaría la participación, el blindaje y el refuerzo de la competencia electoral, al permitir una mayor representación de la diversidad, más allá de los polos. Además, reduciría la fricción que podría generar un eventual entubamiento o una centralización de las opciones, y minimizaría la conflictividad. Debemos reconstruir la democracia venezolana desde abajo hacia arriba y desde la periferia hacia el centro.

—Pero…

—Estoy absolutamente en contra de decir que nosotros, los venezolanos, vamos a hacer esto a nuestra manera y a acelerar el proceso, y de decir que el presidente Trump y el secretario de Estado Marco Rubio tienen que entender que nosotros conocemos mejor que ellos la venezolanidad. Si eso hubiera sido así, habríamos salido de esto hace mucho tiempo. Intentamos todas las salidas, no pudimos y nos ayudaron. Yo prefiero que nos sigan ayudando. Dejarlos que terminen la tarea. No hay manera de que Estados Unidos convierta a Venezuela en su colonia ni de que haya excesos en términos de corrupción. La ley de Estados Unidos se aplica a sus funcionarios y ciudadanos que están haciendo negocios en Venezuela. Con el sistema actual venezolano, viciado, corrupto, sesgado y partidizado, hay ley, pero no se aplica.

El cambio actitudinal y la meritocracia

—¿Cuál es la situación en Venezuela? Una «revolución pacífica, pero armada» demolió todo lo que existía, desde las cloacas hasta el sistema eléctrico; desde la represa del Guri hasta los más elementales derechos humanos…

—Yo creo en la evolución humana. Hoy tenemos más derechos humanos, mayor respeto al otro, mayores condiciones de convivencia que hace 100 años o 200 años. De hecho, tenemos mejores condiciones humanas. Tener medias y tener baño eran lujos de los reyes. Usar maquillaje, usar perfume, estar acicalado, tener respeto a tu integridad física, poder decidir qué hacer con tu cuerpo, son cosas que los sistemas educativos no reivindican. Contar la historia sin decir cómo estábamos y cómo hemos avanzado nos priva de la posibilidad de reivindicar lo positivo del ser humano en general. Se ha dejado de lado la ética, los valores, los principios y hasta las buenas maneras. La tendencia es a emular comportamientos vulgares, inhumanos, facilistas, falsos e irrespetuosos del líder. Así no lograremos ser ciudadanos del primer mundo. Ojalá la actual situación nos sirva para tener un nuevo tipo de liderazgo. No me refiero a una persona en particular; me refiero a los parlamentarios, a los agentes, a los ministros, a los embajadores, a toda la administración pública. Requerimos funcionarios que reivindiquen la política y el ejercicio del poder de una manera sana, ética y moral, que motive un cambio de mentalidad. Nosotros seremos capaces de perdonar sin olvidar, no tengo ninguna duda. De hacer justicia sin promover la venganza. Vamos a ser capaces de reencontrarnos, no tengo duda alguna, y aprender de lo ocurrido.

—¿Por qué está tan seguro?

—Lo hemos hecho antes y siempre lo hemos hecho. Ahora tenemos la capacidad de aprovechar que el Estado se vuelva un promotor no solamente de debates económicos o sobre políticas públicas como salud, empleo y economía, sino también de valores y principios. Hacen mucha falta. Uno de los grandes errores de la Cuarta República fue no resaltar y promover el valor de las instituciones y del sistema democrático. Lamentablemente, durante esos 45 años, tanto la prensa como los mismos políticos, atacándose unos a otros, generaron una desvalorización tan grande de las instituciones que nadie las valoró cuando alguien dijo: «Destruyámoslas todas».

—Hoy, 27 años después, reclamamos que haya orden, que haya Estado de Derecho, que haya reglas, que haya instituciones.

—Ojalá quien llegue priorice los aspectos psicológicos, sociológicos, culturales y educativos de Venezuela. No daremos el gran paso como Singapur, por ejemplo, si no hay un cambio actitudinal. Muy pocos venezolanos pueden decir con propiedad que durante estos 27 años tuvieron acceso al poder o a la toma de decisiones, al manejo de crisis o a participar en el diseño de políticas públicas. Pero tenemos millones de venezolanos que se fueron a universidades, a multilaterales o que simplemente viven en otros países. La integración del exilio tiene que ocurrir. Espero que, gobierne quien gobierne, los funcionarios sean designados con criterios meritocráticos, al margen del carisma o del apoyo que un político pueda tener para ganar una elección. No por amiguismo, compadrazgo, referencia de partido o nepotismo. Veo que la experiencia, las cualidades profesionales y las habilidades para resolver ciertos problemas de la clase política que hoy está en la calle y se llama opositora son bastante superficiales. No veo ahí mayor capacitación ni a nadie de quien uno pueda decir: «Si ponemos a esta persona en tal ministerio, será la mejor en esa área». No solo deberíamos tener una estructura meritocrática, sino abrir espacio a las nuevas generaciones. Tenemos 27 años hablando de los mismos actores y no vemos figuras prominentes nuevas. Hay un montón de talento venezolano en el mundo y en Venezuela, esperando para aplicar sus capacidades sin que las estructuras políticas los atraigan o los promuevan. Mucha gente talentosa no quiere participar en partidos políticos y tampoco los partidos políticos la quieren atraer. Por razones de gentilicio y patriotismo, quieren a su país, no tienen malos hábitos, nunca fueron corruptos y no son culpables ni corresponsables de lo que pasó. Merecerían un espacio para ayudar al rescate del país con su experiencia. Es mucho el aprendizaje que pueden aportar 10 millones de venezolanos que regresen.

—¿Podemos volver a ser el pueblo que fuimos?

—La gente habla de la cultura y dice que la cultura es muy difícil de cambiar, que se requieren varias décadas. Yo creo que hay maneras de hacerlo: reforzar las conductas positivas y castigar las negativas. Así, una sociedad deja un hábito y absorbe otro muy rápidamente. Rapidito. En cuestión de meses y a veces en horas. Siempre hay gente que dice: «Hay que disolver las Fuerzas Armadas porque todos son corruptos». En total, en cualquier ministerio, los que roban no son más de diez personas. El que hace los contratos, el que firma los cheques, el que aprueba los pagos, el que da la orden, el jefe y dos o tres más que ayudan. Los demás son gente que trabaja ahí y punto. Pasa a todo nivel, en el cuerpo diplomático, en los ministerios, en las empresas autónomas. En el momento en que se condene y encarcele a cuatro o cinco corruptos bien significativos y haya una Contraloría que observe y registre, la gente no seguirá siendo tan corrupta. La gente es corrupta porque no hay consecuencias de la corrupción. En el momento en que haya consecuencias, esos siete se inhiben y ya no les parece tan interesante el botín. Se dedican a otra rama de la criminalidad que no sea la corrupción administrativa. Igual pasa en otros sectores de la ilegalidad.

—Se ha impuesto el insulto, la procacidad, desde el poder…

—No se castiga al corrupto, pero tampoco se premia el buen trabajo y el talento. Unos jóvenes ganaron un premio de robótica y su reconocimiento duró unas horas. Y un reguetonero, perdón con los reguetoneros, tiene todos los seguidores, todos los buscadores, todos los refuerzos, todos los incentivos y entonces se vuelve «un ejemplo a seguir». Un influenciador de conductas y valores. Nosotros estamos tan mal, tan destruidos y tan desarticulados que, si volteamos esta crisis, tendremos una gran oportunidad de aplicar las mejores prácticas de aquí y de allá. ¿Y hay posibilidad? ¿Hay conciencia de eso? Tenemos entre 8 y 10 millones de personas que saben lo que es una ciudad limpia, el respeto a las reglas y que deben quitarse los zapatos antes de entrar a una casa. No por religión, sino por higiene, para no traer a casa toda la basura que pisas en las calles durante el día. 50% de las bacterias que entran a tu casa y te enferman vienen en los zapatos. Eso va desde una cosa tan sencilla como esa hasta el respeto al adulto mayor, el respeto a las canas, el respeto a la autoridad, el respeto al padre y el honor al padre y a la madre, que son valores judeocristianos. El valor de la solidaridad, el valor del debate, el debate respetuoso. Ese es el debate de altura que debe tener una sociedad civilizada. No hay un debate de ideas que no caiga en la descalificación personal. No insultos para acá, insultos para allá. La política está al tope de insultos personales; las redes sociales, de troleo insultante y descalificador. Muy poca gente, casi nadie, discute la idea. El debate dejó de cultivarse mucho antes de que se instalara el chavismo. No cultivamos el debate en las universidades, en los colegios ni en los clubes de debate como en otros países, donde aprendes a defender una idea, a entender la idea contraria y por qué el otro piensa como piensa. Eso también te ayuda a ser más tolerante. Hay un montón de gente fuera, permeada por las culturas a las que migró. No creo que todos vayan a volver, pero muchos volverán. No sé cuántos; la mitad vendrá o participará en actividades binacionales o multinacionales. La otra mitad la iremos viendo en el camino. Cualquier venezolano, hijo de venezolanos, que no haya estado en Venezuela, cuando venga y conozca la calidad de su gente y lo agradable que es vivir allí en todos los sentidos, probablemente quiera establecerse en el país cuando esté mejor. Pero tienes que darle oportunidades. Nadie va a querer dejar de ganar o de tener las posibilidades que ofrecen otros lugares desarrollados para venir a pasar trabajo. Pero yo no creo que vayamos a pasar trabajo. Yo creo que viene una

Petróleo, estatismo y modelo económico

—No vamos a pasar trabajo porque vamos a vivir del petróleo. Entonces volvemos otra vez al petrolero.

—No, yo creo que nosotros tenemos que entrar a una etapa donde nos pasen cuatro cosas. La primera es que administremos la riqueza y no pretendamos resolver todos los problemas de manera instantánea. Me parece importante crear un fondo como el que tiene Noruega: una reserva permanente en la que se pueda invertir y que trascienda a los gobiernos y los partidos. Dos, tenemos que tener un fondo de estabilización macroeconómica. Tres, un fondo de diversificación. Y cuarto, un programa de sustitución de energía. Me preocupa profundamente la posibilidad de que a mediano plazo aparezcan alternativas al petróleo.

—El petróleo está desfasado.

—Sí, pero hay intereses para que eso no pase tan rápido. Todo el planeta está orientado al combustible fósil. Pero eso puede cambiar. Cuando la gente habla y se llena la boca diciendo que tenemos las reservas de petróleo más grandes del mundo, yo les digo: señores, si se cae el petróleo se cae toda la economía. Eres monoproductor. Y la salida es que somos un país apto para el turismo. Sí, pero hay mil cosas que otros países ofrecen mejor que nosotros; además, están más avanzados que nosotros en términos de turismo, si hablamos de sol y playa. A mí me gusta más un país productor de alimentos, de derivados del petróleo, un país de productos terminados, no extractor de materias primas.

—Hay que olvidar esa idea de que somos un país rico: no lo somos. La responsabilidad de cada venezolano es producir riqueza.

—Sí, pero para eso se necesita un gobierno que no sea socialista. A mí me da la impresión, a la luz de cómo se refieren a Nayib Bukele, presidente de El Salvador; a Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia; a Flávio Bolsonaro, de Brasil; a Javier Milei, presidente de Argentina; y a Donald Trump, presidente de Estados Unidos, de que tenemos muchos líderes con espíritu socialista y un desprecio profundo hacia el centro o el centroderecha. No se llaman chavistas, pero son socialistas. Ese ha sido el problema de Venezuela. La gente no discrimina las diferencias ideológicas, apenas discrimina los ismos básicos: chavismo, no chavismo. Pero no distingue cuáles políticas públicas son de izquierda. Estamos altamente impregnados, infestados de propuestas e ideas socialistas fallidas.

—Prefieren invertir los recursos en empresas básicas y no en educación: Bauxiven y Sidor debieron hacerlo los privados.

—En la actualidad, todo el ecosistema político venezolano plantea endeudamiento, refinanciamiento de la deuda, inversión del Estado, subsidios y prebendas. Nadie plantea la gran apertura creíble y atractiva para la inversión extranjera dura. El problema es pensar que las cosas se hacen solas. No se hacen solas; tampoco tenemos la capacidad económica. Hoy, con todos los problemas que tenemos, debemos hacer las dos cosas a la vez. Si te vuelves un productor de 10 millones de barriles en diez años, o de 3 millones en cinco años, no puedes dejar de hacer escuelas y hospitales. El Estado tiene que hacer lo que le corresponde —proveer seguridad, dar educación y salud— y dejar que la empresa privada haga lo que tenga que hacer con el resto. Eso no está planteado en ninguno de estos planes, al menos en ninguno de los que sean creíbles. Es muy complicado, pero tenemos una gran oportunidad. No estamos en campaña política electoral, pero hay gente en campaña, con frases y actividades de campaña.

La transición: «Una serie de tres temporadas»

—¿Qué significa ser opositor?

—He sido opositor los últimos 27 años al chavismo y al socialismo del siglo XXI hemisféricamente. No fue solamente Hugo Chávez, fue Evo Morales, Lula da Silva, Daniel Ortega, Manuel Zelaya, Andrés Manuel López Obrador, los hermanos Castro, Nicolás Maduro… Yo soy pro los tres pasos: estabilización, recuperación, transición. Soy pro futuro, pro reconstrucción, pro educación, pro estabilización y pro ver el momento como una gran oportunidad. Pro capitalismo. Pro libre mercado. Pro propiedad privada. Soy opositor al atraso. El enemigo son los problemas y las carencias, no tanto el régimen que ya está de salida.

—¿De salida?

—Sí, debemos entender que no se trata de una fotografía, sino de una serie que tiene tres temporadas. La temporada uno, que es la que estamos viendo, está por la mitad. Dicen que dejaron a los mismos, que los presos siguen presos, que no hay libertad de expresión. Espérate. Vamos a la mitad de la temporada y, cuando se acabe la primera temporada, entramos en la segunda. La última temporada serán las elecciones y la transición plena. Después habrá alguien que dirá: «Nos falta una temporada: la reeducación del venezolano, la diversificación económica y otros retos que, si quisiéramos, podrían durar toda la vida». Después de sufrir dos bombas atómicas y una guerra que lo dejó destrozado, Japón se transformó en 40 años en una de las economías más importantes del mundo.

—La gente sigue pensando en el Estado como el administrador de los bienes nacionales.

—Va a sobrar petróleo y no va a valer nada; nadie nos lo va a comprar y nos lo vamos a tener que comer crudo. Nos vamos a quedar con eso bajo tierra. Nos hemos vuelto un país endeudado y pedigüeño sin necesidad por una concepción equivocada del nacionalismo y de la soberanía. En Colombia y en otros países hay exceso de diagnóstico y carencia de soluciones; en Venezuela, exceso de soluciones, pero no diagnosticamos la causa. Ojalá llegue una etapa de pragmatismo, de resolver los problemas y no estar desvariando.

—Esa fue la historia que nos vendió Chávez desde el primer día, el pragmatismo del Plan Bolívar 2000 para robar restaurando barrios…

—Fue un pragmatismo socialista, no un pragmatismo que impulse la generación de riqueza. Chávez fue experto en generar pobreza. Ser pragmático significa que, si sabes que tienes reservas que no puedes extraer porque no tienes dinero, debes abrirte a la inversión extranjera. Ábrete y dales garantías. Si sabes que la educación tiene que ser el eje central del país para que haya futuro, que hay que invertir en tecnología y promover el emprendimiento, pues bueno, haz eso. Si sabes que en un Estado grande, lleno de posibilidades de corrupción, las cosas no avanzan, entonces no aumentes el tamaño del Estado, no des oportunidad a la corrupción, persigue a los corruptos y da ejemplo tú y tu gente. Aquí hay casi una sociedad de cómplices. Hemos tenido gente que ha vivido de ser opositor; lo digo con propiedad. Mi postura opositora me la he financiado yo. He puesto el pecho y la espalda. Me metí en mil líos, he pagado abogados, me han intentado matar, han hecho de todo y, aun así, sigo entregando estrategia. No estoy pendiente de lo que Trump dice; estoy pendiente de lo que la administración hace. No estoy pendiente de lo que está pasando hoy; estoy pendiente de cómo va la serie. Yo insisto en que Venezuela tiene una gran oportunidad después del 3 de enero y en que vamos avanzando hacia el camino correcto. Es obvio pensar que Delcy y su combo van a durar un tiempo y que su ejercicio se les acabó. También es obvio que la señora Dinorah Figuera, a la que han criticado de manera horrible e inmerecida, es una señora seria que puso la espalda en una posición que no buscó y, sin embargo, la asumió y la está llevando a cabo lo mejor que puede. Hay gente tan perjudicial que dice que la persistencia de los presos políticos y los apagones son culpa de Trump y de Rubio, como si los 27 años no hubieran pasado.

—¿Y los presos políticos que quedan en las cárceles?

—Habrá que terminar de sacarlos. Para hacerlo de una manera más o menos formal, habría que eliminar la Ley contra el Odio y varias otras leyes. Eso lo pueden hacer y espero que lo hagan. Es una manera de quitar presión. Pero si hoy liberan a todos los presos políticos, mañana la protesta sería por los salarios y pasado mañana por cualquier causa. El interés de ciertos grupos es crear bochinche, enredar el país y hacer que el presidente Trump y el secretario de Estado Rubio se vean obligados a cambiar la estrategia. Me parece altamente antipatriótico, irresponsable, individualista, mezquino e infantil. Lo que podría pasar es que la flota se retire, cierren la embajada y nos dejen el muerto. Ahí sí vamos a retroceder, porque lo que viene es una guerra civil o algo peor.

—¿No le preocupan las consecuencias de la tutela en términos de gentilicio, soberanía y Constitución?

—Yo no entiendo las eventuales incomodidades de gentilicio y soberanía, la Constitución y qué sé yo. Entiendo la transitoriedad y cómo se van superando etapas. Tengo 100% de esperanza y fe, así como algunas certezas —de las que no estoy habilitado para hablar— de que vamos por buen camino. Invito a la reflexión a los cuatro grupos que están haciendo propaganda y están alineados como militantes. No hacen periodismo: son propagandistas profesionales. Los ciudadanos deben discriminar quiénes tienen agendas individuales, quiénes están saboteando el proceso. Es importante inhibirse de promover ideas o informaciones que no estén sustentadas, que no sean verdad o que resulten innecesariamente ruidosas para el proceso.

—El ambiente es muy tenso, de crispación normalizada…

—Yo trabajo y estoy alineado con Venezuela. Mi causa es Venezuela, mi país. Es un momento para tener paciencia y sabiduría, aprovechar la oportunidad y avanzar. Si esto sale bien y ayudamos proactivamente, en vez de tratar de desmontar lo que se está haciendo, vendría una gran oportunidad. Lamentablemente, el país está infantilizado, con berrinches e impaciente: una mezcla de emociones que debemos superar para pasar a un estado más racional y lograr que las emociones sean positivas: esperanza, fe y paciencia. Imponernos una tregua en el odio y la revancha. Después, cuando tengamos un sistema de justicia bien establecido, buscaremos las pruebas. Con apego al debido proceso, se abrirán los juicios, se buscará a los culpables, los imputados tendrán una defensa apropiada y les daremos la justicia que no nos dieron a nosotros. No podemos repetir el proceso previo ni parecernos a él. No es «quítate tú para ponerme yo». Hay una enorme cantidad de gente que no es cómplice del régimen, que se quedó en Venezuela y que proveyó de productos y servicios al país durante estos 27 años, pero ahora resulta que toda esa gente es mala. No, esa gente aguantó. Entonces todos los que están fuera son malos porque se fueron y no aguantaron. No. El reencuentro no es solamente entre la oposición y el chavismo, entre víctimas y victimarios, sino entre la venezolanidad. Nos toca reencontrarnos, y no me estoy refiriendo a darle abrazos a Mario Silva. Los que hablan de revancha, de «quítate tú para ponerme yo» y de elecciones mañana por la mañana técnicamente dicen lo mismo que Mario Silva y otros muchos actores relevantes del chavismo. Los extremos se tocan. No creo que el venezolano sea extremista en su mayoría. Hay entre 10% y 12% máximo de extremismo de lado y lado.

—Existe un malestar generalizado, mucha decepción…

—100% de los venezolanos no está indispuesto. No, la gente está buscando cómo resolver el día a día, cómo trabajar, cómo sobrevivir y cómo mantener a su familia. No está pendiente de que la señora diga que vuelve. Yo creo que esa telenovela la alargaron más de la cuenta. Creo que, como estrategia de comunicación para mantener cierta relevancia, no lo están haciendo bien. El pueblo no está pendiente de eso. Tenemos una gran carencia de liderazgo alternativo, pero el riesgo de entubamiento es peor todavía. Esos liderazgos piensan que quien no está con ellos está traicionando la causa y que los demás son alacranes o traidores. Perdóname, queremos democracia y la democracia implica participación y el derecho a elegir y ser elegido libremente. Si no les gusta que haya muchas opciones, establezcan primarias obligatorias, una primera y una segunda vuelta; entonces, que el pueblo escoja.

—Las circunstancias cambian, también la política y los procedimientos.

—Los hechos políticos siempre superan a los jurídicos. Si la administración de Citgo fue ilegítima, si Pdvsa, el oro en Londres y la deuda externa son ilegítimos, también es ilegítimo que la AN de 2015 firme acuerdos con Delcy Rodríguez. Ninguna corte norteamericana va a desconocer lo que se hizo antes del 3 de enero con esos activos y, en el futuro, nadie se acordará de este gobierno transitorio.

—Se espera que haya una junta de gobierno…

—La tenemos, pero la tutela no le ha puesto ese nombre. La integran la Asamblea de Jorge Rodríguez, la Asamblea de Dinorah Figuera, el gobierno estadounidense y la comunidad internacional. Es muy fácil querer venderle a la gente el apuro. Lo responsable sería decirle la verdad: qué se desmontó durante 27 años, por qué no tenemos un Estado con instituciones válidas, por qué las elecciones no son solo electorales y cómo ayudar de manera proactiva a Estados Unidos. Ayudar: mandarle rápido un plan de cómo se resuelve lo eléctrico, mandarle las cotizaciones y hablar con las empresas.

Marco Rubio recibió por primera vez en Washington a Dinorah Figuera, quien encabeza el bloque opositor que mantiene diálogo con el chavismo. Foto: AFP

Las relaciones con la administración Trump y la oposición

—Hay una tendencia que tiene que ver con el socialismo venezolano. Los venezolanos son simpatizantes del Partido Demócrata y odian a Trump por lo que dice Trump. Trump dice muchas barbaridades. Demasiadas.

—En realidad es una pelea de burro contra tigre. Con todo respeto. Lo inteligente hubiera sido aliarse con Trump. Ayudar a Trump. Y tener influencia incluso sobre lo que dice. Pero tú no puedes pretender influir sobre alguien si lo tiras a la jauría. A la jauría de la colmena. A la jauría de los influenciadores. Déjame decirte una cosa. Cada vez que uno de estos voceros propagandistas de ese grupo habla contra Trump, no se entiende como algo que dijo él, sino como algo que viene de su líder. Por lo tanto, esa relación que pudo haber sido bien llevada está en su peor momento. Me parece que ese es un buen consejo: creo que la relación se pudo haber manejado mejor. Y creo que es un error pretender casarse en un enfrentamiento pensando en que los demócratas te van a ayudar más, sobre todo cuando los demócratas tienen un problema gravísimo: su ala más altisonante son los socialistas y los comunistas. El Partido Demócrata no avanza hacia la moderación ni el centrismo, sino hacia un extremismo de izquierda: pro musulmán, anti-Israel, anticapitalismo. Entonces, ser demócrata es familia de ser chavista o castrista. La mayoría de los venezolanos en el exilio y en los medios de comunicación son demócratas. Quedé asombrado viendo a gente defensora del caso venezolano quejándose de que Lula no había ganado en primera vuelta. Lamentándose de que bueno, por la edad y la apariencia, pese a las supuestas políticas buenas de Lula. ¿Cuáles políticas buenas de Lula? ¿El robo y la persecución política? En Brasil lograron lo que no lograron aquí con el 6 de enero: encarcelar a Bolsonaro porque supuestamente él fue responsable de un golpe de Estado. Un golpe que no ocurrió. Te atribuyo que eres culpable porque pensaste algo. No existe el delito en grado de pensamiento.

—Sí, en el socialismo sí.

—Yo espero que el pueblo venezolano no acoja la impaciencia ni la irracionalidad. Espero que tenga un poquito más de paciencia. Y me van a decir que es muy fácil decirlo desde afuera. No, no es fácil. No voy a Venezuela desde 2004. Yo tengo prohibición de entrada. Tuve alerta roja de Interpol. Tuve 21 causas abiertas. Mi mamá murió hace dos meses; quería morir en su país, pero no pudo. Mi papá está aquí, quiere volver a su país. Ojalá pueda, pero la tiene complicada por temas de salud. Y así hay muchísima gente que sufre por no estar en su país o que quisiera, por lo menos, poder ir a ver a sus familiares, visitarlos o lo que sea. Es probable que haya cambios en la composición de la Cámara de Representantes y del Senado. No es seguro; es posible. Habrá que ver las elecciones: se ganan el día de la elección, no antes ni en las encuestas. Habrá gente nuestra celebrando que a Trump le vaya mal. Me parece miserable. Y de malagradecidos. ¿Cómo pueden sentirse el presidente Trump, el secretario de Defensa Pete Hegseth, el secretario de Estado Marco Rubio y los demás integrantes del gabinete ante la avalancha de ataques diarios de la venezolanidad? A lo mejor no nos merecemos esta oportunidad.

—¿Y por qué el empeño de Marco Rubio y de ciertos sectores financieros norteamericanos en cobrar la deuda venezolana pagándole 300 millones a una firma de abogados? Todos sabemos que esa deuda no vale lo que dicen…

—Esa es una de las cosas del gobierno estadounidense con las que no estoy de acuerdo. No lo atribuyo a la codicia, sino a la falta de influencia. Yo creo que cuando tú te bajas de una mesa o te aíslas, cuando haces todo lo posible para que no te tomen en cuenta o para pelearte con tu interlocutor, lo que logras al final es que ocurran un montón de desmanes que se pudieron haber evitado si estuvieras en la mesa. Son muy pocos los venezolanos destacados, de los que suenan, que tengan influencia real en las políticas de Estados Unidos. Se cuentan con los dedos de una mano. La tendencia, cada vez que se transparenta un plan, es el saboteo. Cada vez que se dice una fecha, se protesta. Si te bajas de la mesa, pasarán desmanes y tocará corregirlos más adelante, cuando tengamos Asamblea, cuando tengamos gobierno, cuando haya otro gobierno en Estados Unidos. Yo no estoy diciendo que haya que respetar los acuerdos que se hagan hoy porque tienen fallas de origen; no estoy diciendo que hay que respetarlos, pero todo está sujeto a negociación, modificación o ajustes.

—A mí me parece absurdo que Estados Unidos haya buscado a Alejandro Betancourt precisamente y no a una compañía como Chevron.

—Ni Alejandro Betancourt es santo de mi devoción ni yo soy santo de la devoción de él. Estamos claros. Dicho eso, te repito que no es una foto ni una película de dos horas, sino una serie. A mí Betancourt no me preocupa por tres razones. La primera: esas acciones no eran de él; eran de Sargeant, que era uno de los principales representantes de Chevron. Segunda: esas estructuras en las que el Estado estadounidense está invirtiendo o con las que se está asociando existen y producen petróleo, y son susceptibles de expansión. En una visión pragmática, al gobierno estadounidense no le importó quién estaba ahí; vio que había infraestructura ampliable y que podía entrar. Tercera: una de las condiciones es que los socios tengan la primera opción de compra. No me extrañaría que sea una negociación puente para llegar a una composición accionaria final que no conocemos hoy. Nadie sabe qué se habló ahí ni en qué se quedó hacia adelante. Revelar el contrato y las condiciones no revela las intenciones, las motivaciones, los intereses ni los acuerdos al margen del papel.

—Se cuestiona la confidencialidad. Al chavismo se le cuestiona la firma de acuerdos y contratos secretos con Cuba, Rusia, China, Irán y la India. Se espera que en la nueva situación haya, al menos, alguna transparencia.

—Tenemos una garantía de transparencia, se llama Sunshine Law. Las leyes estadounidenses no permiten la falta de transparencia. El gobierno no puede hacer nada secreto que no sea de seguridad y defensa. Recuerda el Watergate.

—¿Cuál es el principal defecto del tutelaje?

—La comunicación. Se han dejado imponer una narrativa negativa que los presenta como egoístas, corruptos, interesados en la depredación, codiciosos y desinteresados en el proceso democrático venezolano y en la venezolanidad. Además, se ha generado un espacio muy grande para los rumores y las noticias falsas; ese espacio es casi producto de la desinformación.

—¿Por qué no se ha corregido?

—Es un defecto general de todas las administraciones en cualquier acción gubernamental, dentro y fuera de Estados Unidos. No es un país que se caracterice por sus campañas institucionales. Si Trump explicara en una campaña de interés público por qué es importante presentar la identificación para votar, igual que para comprar alcohol o abrir una cuenta bancaria, no habría problema alguno para identificarse al votar, como ocurre en el resto del mundo. En este momento, lo correcto sería desplegar en Venezuela una campaña en todos los medios convencionales y no convencionales para explicarle a la ciudadanía en qué momento estamos, para dónde vamos y cuáles son los beneficios de las tres fases. No basta una declaración escueta del presidente Trump o del secretario Rubio. Mucho menos una discusión de 30 segundos en el Congreso de Estados Unidos. Ha sido un error grave. El error es tan grave que a los pocos políticos venezolanos que no están en la campaña contra Trump y apoyan el plan de estabilizar, recuperar y democratizar les dan una paliza en las redes sociales cuando opinan.

La líder opositora venezolana Maria Corina Machado habla a la diáspora venezolana durante una actividad en Panamá, el 23 de mayo de 2026. Foto: Martín Bernetti / AFP

María Corina Machado y el riesgo de una «tercería»

—¿Ve posibilidades de que María Corina Machado sea presidenta?

—He evitado hacer críticas públicas, pero no me queda otro remedio. No tengo ninguna comunicación con ella ni con su equipo. Por respeto a su trayectoria, a su gesta, a su lucha y a su sacrificio, me hubiera gustado tener la decencia de hacerlo en privado. Yo creo que debe salirse del modo campaña y entrar al modo soluciones. Puede pasar que, si siguen en modo de campaña, ella, que ha cumplido una gran función histórica, no tenga una función electoral dentro de un año o dos años, cuando haya elecciones. Están a tiempo de reflexionar y de corregir. Si siguen en modo campaña o pretenden forzar que las elecciones se hagan más rápido a punta de protestas, quejas, pataleos, críticas y ataques al trumpismo, al Partido Republicano y al secretario Marco Rubio, y les sale mal la jugada, van a abrir el espacio a una tercería. Ese espacio ya existe, por cierto. Hay más gente no alineada que alineada. La mayoría de la gente que votaría probablemente esté hoy con María Corina, pero las elecciones no son hoy y la tendencia de su apoyo ha sido a la baja respecto de la posición electoral que tenía hace tres años.

En una línea de tiempo se ve la tendencia: dónde estabas y dónde estás. Si proyectas hacia las elecciones, es probable que los números no te den y que te toque reajustar la estrategia para llegar hasta allá. Se requiere entender que no estás en campaña electoral y que mantenerse en ese modo genera un desgaste innecesario y abre, repito, el espacio a una tercería. Seguramente no se trate de los chavistas que nos llevaron adonde estamos ni de los opositores que no lograron resolver el problema, sino de otra gente que no venga de los partidos. Una tercería con una visión distinta. A diferencia del espacio entubado de los partidos, el de la tercería es un espacio amplio, abierto, donde todo el mundo entra. Atacar a cualquier tercero o a cualquiera que aspire con la excusa de que es un traidor a la causa sería una terrible equivocación. La causa es Venezuela, no una persona en particular.

bonanza.