Ciudadano Presidente de la República, señor Nicolás Maduro, me dirijo a usted en medio de una de las etapas más aciagas y tristes por la que hayan podido pasar los venezolanos a lo largo de toda su vida republicana, con la sola finalidad de solicitarle su renuncia al cargo de presidente con el cual lo investimos por decisión legítima del pueblo de Venezuela.
Son más de dos décadas perdidas. Más de veinte años de una larga pesadilla que se inició con el fallecido ex Presidente Hugo Chávez Frías, quien faltando a las promesas de instaurar una democracia participativa y protagónica, escondiendo su verdadera ideología política, pretendió implantar un sistema de gobierno basado en las tesis del marxismo castro-comunista que llevaron al país a una de las más profundas crisis en lo económico, en lo político, y en lo social, durante los catorce años que duró su mandato.
Esta situación de desequilibrio e inestabilidad, ha sido exacerbada por usted, Presidente Maduro, en estos seis años que ya lleva al frente de los destinos de la nación.
En lugar de corregir la secuela de errores de su antecesor y mentor, usted lo que ha hecho es aumentarlos, agravarlos.
Venezuela enfrenta hoy una verdadera catástrofe. No hay otro calificativo que pueda explicar de manera gráfica el estado de deterioro que ha alcanzado el país en estos últimos años. No hay área relacionada con la vida de los venezolanos y la marcha del país que no haya sido colapsada, producto de la ineficiencia de su régimen a la hora de aplicar políticas que encaminen a la nación por los senderos del progreso y el desarrollo que le permita al pueblo venezolano el derecho a una mejor calidad de vida.
Usurpación de Bolívar
Todo, en nombre del Padre de la Patria, quien no se equivocó cuando en 1829 expresó: “Si algunas personas interpretan mi modo de pensar y en él apoyan sus errores, me es bien sensible. Con mi nombre se quiere hacer el bien y el mal, y muchos lo invocan como el texto de sus disparates”.
Políticas equivocadas e importadas de naciones que han fracasado con la implantación del comunismo, con controles a los sectores productivos del país que nunca tomaron en cuenta la realidad de los productores, aunado a inconvenientes expropiaciones y confiscaciones, violando generalmente la Constitución, fueron creando la grave situación de desabastecimiento de los más elementales productos de la dieta diaria y de enseres de uso general en los hogares venezolanos que han originado unas vergonzantes colas de largas horas de espera, en las condiciones más inhóspitas, para poder abastecerse de algún que otro producto racionado..
La inflación galopante que se ha abalanzado sobre el pueblo venezolano, convirtiendo sus salarios en sal y agua, amenaza con provocar una situación de hambruna sobre las grandes mayorías del país que perciben salarios mínimos por su trabajo, sin que se avizoren por parte de su gobierno, las medidas correctivas de la situación que ha llevado a esta tragedia. Da la impresión, señor Presidente, que ni usted, ni los miembros de su gobierno, ni el partido que lo sustenta en el poder, se han percatado de esta situación que está llevando a una catástrofe humanitaria con consecuencias impredecibles porque un pueblo acosado por el hambre se vuelve incontrolable.
Justificando sus exclusivas responsabilidades
A cada problema creado, una excusa. El desabastecimiento y la inflación, son causados por la guerra económica; el colapso del servicio eléctrico, ya no hayan qué razones atribuirle; la faltad de agua en todo el país, es por manipulaciones criminales del sistema; el desastre en que se encuentran los centros hospitalarios del país, por falta de insumos y medicamentos, es debido a los trabajadores que se los roban, la violencia criminal, es importada desde Colombia por la derecha y el imperio gringo para que vengan a matar a los venezolanos. Vaya irresponsabilidad.
Su régimen ha pervertido el sistema de justicia, con unos órganos cuyos representantes ya no van a lo sustantivo de los asuntos que se presenten, ni al fondo de los mismos para tomar decisiones apegados estrictamente a la letra de la ley. Se han quitado la venda que identifica la imparcialidad, para atender claramente las instrucciones que les llegan desde las altas esferas de ese poder omnímodo en que se ha convertido el palacio de Miraflores, para saber con certeza sobre quién va a caer el brazo sancionador de la justicia, convertido en garrote para castigar la disidencia y la protesta, que son derechos inalienables de los pueblos democráticos.
La Asamblea Nacional de Venezuela, la institución más representativa del poder popular, fue convertida en una institución que perdió su rumbo y su norte, hasta el punto que deslizó sus responsabilidades y atribuciones legislativas hacia el propio Poder Ejecutivo mediante leyes habilitantes que la convirtieron en una instancia sin entidad alguna.
Gracias a Dios y al comportamiento y responsabilidad cívicas del pueblo venezolano, que entendió las gravísimas consecuencias de este desastre surgido luego de 17 año de errores y fracasos, la Asamblea Nacional de Venezuela, recuperó su institucionalidad al ser elegidos mayoritariamente los Diputados de la oposición democrática el seis de diciembre del año 2015, para comenzar el proceso de reinstitucionalización del país, pero saboteada de manera ilegal e inexplicable por el Tribunal Supremo de Justicia como lo hemos observado desde el pasado cinco de enero del 2016, cuando se instaló el nuevo parlamento nacional.
Esa inseguridad jurídica al lado de la violación constante y flagrante de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela es lo que ha incidido en la desconfianza de inversionistas extranjeros y nacionales, muchos de los cuales han llevado sus capitales y sus empresas a otras latitudes, y con ello, se alejan el progreso y el desarrollo del país.
Venezuela está hundida
No es momento, como lo ha venido haciendo hasta ahora, ciudadano presidente, de enrostrar culpas a quienes nada tienen que ver con la debacle que vive hoy día Venezuela. No es tiempo de estar insultando a personalidades y empresarios venezolccanos que apuestan al desarrollo del país y, en consecuencia, al bienestar colectivo. No es época de estar amenazando con desconocer las decisiones constitucionales de la nueva Asamblea Nacional en torno a la aprobación o reforma de leyes que la nación clama y apoya mayoritariamente. Es momento de decir la verdad. Venezuela está quebrada. Venezuela está hundida, y aceptar las responsabilidades sobre esta catástrofe.
Este modelo comunista, en su agonía arrasó con todo, y en su trance arrojó a la indigencia y al exilio, mayormente voluntario, a millones de compatriotas, jóvenes profesionales en su gran mayoría, que dejaron su patria grande en búsqueda de un mejor futuro, destruyó a la clase media venezolana, quebró a nuestras industrias, pulverizó el trabajo de los venezolanos. Hoy, la producción y el comercio están en serios problemas por falta de divisas para importar materia prima, situación inexplicable en un país que es cuarto productor mundial de petróleo y ha recibido en los últimos diez años más de 999 mil millones de dólares por la venta de ese recurso energético,
La excusa de la guerra económica
El leitmotiv de la guerra económica, salido de la sala situacional del régimen y colocado como una especie de chip en el cerebro de todos los personeros gubernamentales y del partido que lo sustenta en el poder, con el fin de repetirlo hasta la saciedad en la creencia que van a engañar al pueblo venezolano, no ha dado resultado alguno.
El pueblo venezolano sabe que aquí no hay guerra económica, que el desabastecimiento y la inflación son de la exclusiva responsabilidad de su gobierno, verdad que se refleja en las encuestas de opinión pública y, lo mejor, en las calles por donde transita la gente angustiada por los problemas que a diario debe enfrentar.
Las palabras de Santiago Key Ayala, en su obra “Vida ejemplar de Bolívar” son perfectamente aplicables a usted presidente: “Produjimos hombres incompletos, o mal equilibrados, o disociados, o constituidos en proporciones inarmónicas. No han estado, no podían estar, a la altura de las más variadas circunstancias”
El líder de la revolución bolchevique, el comunista Vladímir Illich Lenin, tal vez uno de los paradigmas suyos, decía: “Si no eres parte de la solución, eres parte del problema”
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Ejemplos de renuencia, sobran
La más reciente historia de finales del siglo XX y comienzos de la actual centuria, está llena de ejemplos de Presidentes que se han acogido a la prerrogativa de la renuncia, o destituidos por el Congreso, ante crisis económicas y políticas, incluso menos graves que la que padece en estos momentos el pueblo venezolano.
El ex Presidente de Argentina, Raúl Alfonsín, entregó su mandato mucho antes de tocarle el fin. El también ex Presidente de Argentina, Fernando de la Rúa, quien había asumido el poder en Argentina en 1999, ante una grave crisis económica, social y política, que ocasionó trágicas protestas con el pueblo en la calle y fuertemente reprimido por las fuerzas de orden público, con saldo lamentable de muertes de ciudadanos argentinos, muchos de ellos menores de edad, , se vio obligado a renunciar el 19 de diciembre de 2001.
El ex Presidente de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada, tuvo que dimitir a su cargo, con apenas un año largo de mandato, debido a las fuertes protestas y marchas de ciudadanos bolivianos que paralizaron el país en rechazo a impopulares medidas económicas impuestas por su gobierno. Su sucesor, el vicepresidente Carlos Meza, haría lo mismo, poco tiempo después, al agravarse la crisis.
El Presidente ecuatoriano, Abdala Bucaram fue destituido, bajo el cargo de incapacidad mental, sin haberle sido practicado ningún examen médico que lo confirmara, pero la verdad verdadera es que el Congreso actuó ante las graves protestas de los ciudadanos por la aplicación de medida económicas que afectaron drásticamente el bolsillo del pueblo, lo que originó huelgas nacionales en contra de lo aplicado por el Gobierno de turno.
Hay un hecho histórico que debe ser aleccionador para usted, Presidente Maduro, que al igual que lo hacía el fallecido ex presidente Chávez, hace alarde de su identificación con el pensamiento y la obra de nuestros padres libertadores.
El 02 de agosto de 1828, luego de crecientes manifestaciones de disconformidad por parte de los ciudadanos bolivianos, nuestro Gran Mariscal de Ayacucho, el General Antonio José de Sucre, renunció a la Presidencia de Bolivia.
Al renunciar a la Primera Magistratura de Bolivia, expresó las siguientes consideraciones en su mensaje al Congreso.
“En el retiro de mi vida veré mis cicatrices, y nunca me arrepentiré de llevarlas, cuando me recuerden que para formar a Bolivia preferí el imperio de las leyes a ser el tirano o el verdugo que llevara una espada pendiente sobre la cabeza de los ciudadanos”.
Usted es parte del problema
Presidente Maduro, este venezolano angustiado por el infortunio y la calamidad que vive la nación, le dice que usted jamás ha buscado la solución de los gravísimos inconvenientes que su revolución le ha causado a los venezolanos, por el contrario, es parte del problema.
Señor Presidente Maduro, este diez de enero usted parece estar decidido a tomar posesión de un cargo que realmente no le asiste porque emergió de un proceso electoral convocado de manera inconstitucional e ilegal por un organismo que nación del fraude a la Constitución, como es la Asamblea nacional constituyente, sacada como de la chistera de un mago para desconocer la legitimidad de la Asamblea Nacional de Venezuela, electa mayoritariamente por el pueblo venezolano en las elecciones de diciembre del año 2015. Su presunto triunfo no lo reconoce la mayoría del pueblo venezolano ni los países democráticos del continente que han cerrado filas en el Grupo de Lima. Tampoco lo reconoce la Unión Europea y otros países como Estados Unidos y Canadá.
Si en verdad usted se considera un demócrata, como lo hace ver en sus continuas intervenciones públicas, haga un ejercicio de democracia y renuncie a su elección fraudulenta del 20 de mayo del año 2018 y permita que sea nombrado un nuevo CNE que convoque unas elecciones generales que permitan elegir desde el nuevo Presidente de la República hasta los Gobernadores de estado y los Alcaldes y Concejales, todos electos de manera furtiva y desconcertada, sin la participación mayoritaria del pueblo venezolano. Estas elecciones deben ser dirigidas por un organismo electoral con Rectores que inspiren confianza en el pueblo y garanticen que el ejercicio del voto por parte de los venezolanos será respetado
Que sea la nación la que decida si usted se queda y prosigue en el mando, o se va y permite que Venezuela busque un nuevo rumbo.
La otra alternativa, Señor Presidente, es que usted renuncie a la presidencia para que le dé paso a la salida institucional que requiere Venezuela, mediante la conformación de un gobierno de concentración nacional, donde estén representados los distintos sectores de la sociedad venezolana y conduzcan a elecciones generales en tiempo perentorio como una excelente búsqueda a las salidas de esta grave crisis..
Por el bien de la nación, por la salvación de la patria.
EMIRO ANTONIO ALBORNOZ LEON
C.I. 5067955
PERIODISTA Y DIRIGENTE REGIONAL DEL PARTIDO ACCION DEMOCRATICA

















Nilson Vergara Abreu
Excelente!