El mandatario estadounidense llegó tarde a la sesión de trabajo del G7 en Évian y desafió el protocolo ironizando ante los medios. El gesto ocurre en una semana clave marcada por las negociaciones de su gobierno con Irán
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, bromeó este miércoles sobre su protagonismo en la cumbre del G7 que se celebra en la localidad francesa de Évian. A pesar de no ser el anfitrión, el mandatario captó la atención de los focos en una semana fuertemente marcada por el reciente acuerdo de su administración con Irán.
En la reunión de trabajo, como de costumbre, Trump fue de los últimos líderes en llegar, cuando la mayoría estaban ya sentados esperando, y al entrar en la habitación del Hotel Royal dijo en tono irónico, aunque con semblante serio: «Soy el jefe», y a continuación se quejó del calor reinante.
Según reseñó la agencia de noticias EFE, el mandatario norteamericano continuó con su actitud irónica dirigiéndose de forma directa a las cámaras de televisión presentes, las cuales habitualmente solo tienen permitido grabar los minutos iniciales del encuentro.
«¿Quieren quedarse en la reunión? Por mí no hay problema», señaló, mientras la prensa era rápidamente acompañada a la salida y Trump se sentaba a la derecha del presidente de Francia, Emmanuel Macron, como en anteriores reuniones de esta cita en Évian.
El encuentro, que comenzó con una hora de retraso, estaba centrado en la búsqueda de un «crecimiento económico equilibrado», y en él los líderes del G7 compartieron mesa con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, y el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Mathias Cormann.















