Videlba Reyes se mueve inquieta esperando para recargar los cilindros de oxígeno que necesita su cuñado enfermo de covid-19: tras varios intentos fallidos para internarlo en alguno de los desbordados hospitales de Caracas, la familia optó por dejarlo en casa y esperar lo mejor.
“Estoy esperando a ver si me pueden vender la recarga de una bombona y rogando a Dios que cuando llegue a la casa aún esté respirando”, dice a la AFP esta contadora de 44 años de edad, con la voz quebrada y el rostro cansado.
Llegó temprano este viernes a una distribuidora. Cada segundo cuenta, su familiar de 58 años de edad tiene muy baja la saturación en la sangre y lleva ya una hora sin oxígeno. A cada rato ve el celular, está desesperada.
Su tragedia es una de muchas en la fila de unas 30 familias que esperan como ella por recargar sus cilindros.
“Tenemos dos, tres semanas en esto, es una tortura”, explica. “Él amerita seis bombonas diarias”, pero “está el inconveniente de que no siempre hay oxígeno” y además es muy costoso para la mayoría de la población de este país que atraviesa una profunda crisis económica.
Recargar un cilindro grande cuesta 30 dólares, equivalente a 37 salarios mínimos.
“Mi paciente tiene en este momento una hora sin oxígeno y él no puede estar sin oxígeno porque satura muy bajo”, añade.
















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