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PRESIÓN DE GRUPO Y FUERZA DESEQUILIBRADA

Venimos observando con cierta preocupación una especie de confrontación entre lo que se ha dado en llamar el poder económico y el poder político, asunto que se puede analizar desde diversos aspectos.  Se trata de un típico caso de lo que se conoce como presión de grupos con intereses disímiles.

Hay que comenzar manifestando que este enfrentamiento  nada positivo trae, y, por el contrario, deviene en consecuencias lamentables para la sociedad.

Ejemplos los hay muchos. Antes de la llegada de Hugo Chávez al poder por vía democracia, camino que se vio obligado a buscar  al ver frustrados sus dos intentos de golpes de estado fallidos y cuento, observábamos  como de un lado y otro se deslizaban comentarios nada edificantes sobre las actividades económica y política.  Frase como que… “Todos los políticos son iguales* , «sólo quieren pegarse de la teta del estado», *no saben hacer otra cosa que política, y cosas por el estilo.

Era un empeño en descalificar a quienes han dedicado y dedican su vida a la causa pública y, nos guste o no, a esta clase vituperada le debemos  nada menos que el alcance del sistema democrático que emergió a partir de 1958 cuando cae la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Fueron cuarenta años que me atrevo a calificar de progreso y desarrollo del país, gracias a lo cual se produjo el ascenso social más grande que se haya podido dar en cualquier país  del mundo desarrollado. Surgió una victoriosa clase media producto de la igualdad de oportunidades que era la premisa fundamental que prevaleció en esas cuatro décadas, especialmente en los primeros veinte años.

Pero también brotó una nueva clase económica que tuvo el auxilio de los gobiernos democráticos cuyos representantes entendieron muy bien el papel del sector privado de la economía para el desarrollo del país.   Lamentablemente,  esa misma clase empresarial, unidad a la tradicional conocida como los amos del valle, termino popularizado en un extraordinario libro del Médico Siquiatra, Francisco Herrera Luque, quien calificaba así a unas veinte familias mantuanas que dirigían los destinos de la capital venezolana  desde el siglo XVII, llegando a conformar una especie de «nobleza criolla» , de alguna manera conspiraron contra el estatus quo imperante y apoyaron abiertamente al golpista que había atentado contra el gobierno legítimo de Carlos Andrés Pérez. Le colocaron sus aviones, sus empresas, sus capitales y hasta sus mejores cerebros al servicio del déspota.

No midieron las consecuencias, presagiadas por el propio defenestrado ex Presidente Pérez,  y hoy las vemos plasmadas en una Venezuela que ha padecido el peor desgobierno de toda su historia republicana, y el mismo hombre que utilizaron para tratar de tener más poder, acabó en menos de veinte años con lo que se había edificado en la calificada como cuarta República.

Alguna vez, a poco tiempo de haber iniciado su desastre y la guerra contra la empresa privada, lo escuchamos burlarse de sus mentores con frases como… Me pusieron todo a la orden porque se creían que me Ibán a manejar..

También he escuchado y leído a algunos políticos, sin importar si son de derecha o de izquierda, expresar frases despectivas sobre los  empresarios: ‘Sólo saben ganar dinero para ellos y no crean riqueza’, ‘no representan a nadie’, ‘se creen los dueños del mundo y seres superiores.

Se califica a los políticos como unos seres corruptos y con ello los meten a todos en el mismo saco, olvidando que   los hay honestos y que en cualquier grupo donde participen seres humanos, es posible que algunos olviden sus compromisos, sus códigos de ética, e incurran en hechos que dejan mucho que desear. Me parece muy injusto y quiero reivindicar que la mayoría de los políticos son honestos, al igual que los empresarios y si algo les debe ser común es el bienestar de la gente.

Asdrubal Boscan