El legendario periodista venezolano falleció a los 97 años en Miami, dejando más de siete décadas de periodismo, miles de crónicas, transmisiones inolvidables y una huella difícil de repetir en la historia del béisbol de habla hispana.
Por Asdrubal Boscan
CNP 7448
El béisbol perdió a uno de sus grandes narradores y el periodismo venezolano a una de esas figuras cuya trayectoria termina confundiéndose con la propia historia que durante décadas ayudó a contar.
Juan Vené, nombre profesional José Rafael Machado Yánez, falleció este 15 de septiembre de 2026 en Miami, Florida, a los 97 años, cerrando una carrera que atravesó generaciones, transformaciones tecnológicas y épocas completas de las Grandes Ligas. Juan Vené fue mucho más que un cronista deportivo. Fue reportero, escritor, locutor, narrador, comentarista, historiador y, sobre todo, un hombre obsesionado con contar historias.
Nació en Caracas el 10 de enero de 1929 y conoció desde muy joven las dificultades económicas. En distintos relatos sobre su vida recordó haber trabajado como vendedor de periódicos, vendedor de pan y office boy para ayudar a su familia. Maracaibo terminaría siendo decisiva en su destino: allí completó estudios, descubrió definitivamente su vocación y comenzó a caminar por las redacciones. Su carrera profesional como reportero comenzó en junio de 1947. Posteriormente, entre 1949 y 1953, estudió periodismo en la Escuela Miguel Márquez Sterling de la Universidad de La Habana, Cuba. Antes de dedicarse por completo al deporte cubrió prácticamente de todo: espectáculos, economía, política, tribunales y otras fuentes periodísticas.
El nacimiento de Juan Vené
Incluso su nombre profesional encierra una historia.
Antes de convertirse en periodista reconocido, Machado Yánez había participado en una compañía teatral interpretando a un personaje llamado Juan Vené: “Juan” inspirado en Juan Bimba y “Vené” como referencia a Venezuela. El personaje desapareció de los escenarios, pero el nombre sobrevivió y terminó convirtiéndose en una de las firmas más reconocibles del periodismo deportivo latinoamericano.
En 1957 recibió el Premio Nacional de Periodismo, reconocimiento que llegó antes de que su carrera quedara definitivamente asociada al béisbol. Tres años después ocurriría el punto de inflexión.
En 1960 cubrió su primera Serie Mundial, la recordada confrontación entre los Piratas de Pittsburgh y los Yankees de Nueva York. A partir de octubre de aquel año concentró buena parte de su trabajo en las Grandes Ligas. Llegaría a cubrir 45 Series Mundiales consecutivas, un registro que por sí solo revela la dimensión de su permanencia en el oficio.
Desde entonces, estadios, clubes, dugouts, cabinas de transmisión, hoteles, aeropuertos y salas de prensa se convirtieron en su segunda casa.
“Juan Vené en la Pelota”
Su columna “Juan Vené en la Pelota” terminó convertida en una institución.
Durante décadas apareció en periódicos de diferentes países. El Museo de Béisbol de Venezuela señala que llegó a publicarse en 34 diarios de distintas naciones, llevando diariamente al lector noticias, estadísticas, comentarios, anécdotas y episodios históricos del béisbol.
Su influencia tampoco quedó limitada al papel.
Vené transmitió béisbol de Grandes Ligas durante numerosas temporadas para audiencias de Venezuela, Estados Unidos y otras naciones hispanohablantes. En televisión fue recordado especialmente por su participación en “Lo Mejor de la Semana”, programa mediante el cual generaciones de venezolanos pudieron seguir las grandes jugadas y figuras de las Mayores mucho antes de que internet permitiera observar un partido desde cualquier teléfono celular.
Su característica manera de hablar, su enorme archivo de datos y su conocimiento de la historia del juego hicieron que su voz resultara inmediatamente reconocible para millones de aficionados.
De la sala de prensa a Cooperstown
Su cobertura permanente de las Grandes Ligas también le permitió formar parte de la Baseball Writers’ Association of America (BBWAA) y participar durante años en el proceso de votación para el Salón de la Fama de Cooperstown, una posición extraordinariamente poco común entre periodistas latinoamericanos de su generación.
Ese privilegio también convirtió algunas de sus decisiones en motivo de intensos debates.
Juan Vené nunca pareció demasiado interesado en evitar la polémica. Defendía sus posiciones con firmeza, incluso cuando sabía que provocarían rechazo entre lectores y aficionados. Para unos podía resultar controversial; para otros, esa independencia de criterio era precisamente parte esencial de su personalidad periodística.
Publicó además cerca de una veintena de libros vinculados al béisbol y su historia. Entre ellos sobresale 5000 años de Béisbol, obra en la que volcó buena parte de sus investigaciones y conocimientos acumulados durante décadas.
En 2014 fue exaltado al Salón de la Fama y Museo del Béisbol Venezolano, reconocimiento reservado para quienes han dejado una huella extraordinaria en la historia de la pelota nacional.
Su nombre también quedó vinculado físicamente a la preservación de la memoria del deporte. En el Salón de la Fama del Béisbol Mexicano funciona la Biblioteca Juan Vené, integrada a partir del acervo que el periodista donó con libros, estadísticas, anuarios, periódicos, revistas y documentos especializados en béisbol.
Un legado que supera las estadísticas
Resultaría sencillo resumir a Juan Vené enumerando Series Mundiales, libros, programas, reconocimientos y décadas de ejercicio profesional.
Pero su verdadero legado está en otra parte.
Está en haber demostrado que el periodismo deportivo también necesita memoria, investigación y cultura. Está en haber acompañado la transformación del béisbol desde una época en la que las noticias viajaban por cable y las crónicas se escribían para el periódico del día siguiente, hasta un mundo dominado por internet, redes sociales y transmisiones instantáneas.
Y, sorprendentemente, permaneció escribiendo prácticamente hasta el final. Todavía en agosto de 2026 aparecían publicadas columnas bajo su firma, casi ocho décadas después de aquel joven reportero que comenzó a trabajar en 1947.
Eso quizá explique mejor que cualquier premio quién fue Juan Vené.
Fue periodista hasta el último tramo de su vida.
Con él desaparece un testigo excepcional de varias generaciones de estrellas, desde los tiempos de Mickey Mantle, Willie Mays y Roberto Clemente hasta la extraordinaria expansión contemporánea del talento latinoamericano en las Grandes Ligas.
Pero permanece su obra.
Quedan sus libros.
Quedan sus archivos.
Quedan sus columnas.
Quedan sus transmisiones.
Quedan las historias que convirtió en memoria colectiva.
Y queda, sobre todo, una enseñanza para quienes escogimos este oficio: un periodista puede envejecer; la curiosidad del reportero nunca debería hacerlo.
Juan Vené pasó más de siete décadas contando béisbol.
Ahora será el béisbol el encargado de contar, durante generaciones, la historia de Juan Vené.
Asdrubal Boscan
CNP 7448
















