Advertisement

Trump mueve tablero militar como si se preparara para extraer a Raúl Castro

La acusación criminal contra el fundador de la revolución cubana, de 94 años, la visita pública del director de la CIA a La Habana, el despliegue militar estadounidense en el Caribe y la nueva doctrina de presión hemisférica impulsada por el presidente estadounidense abren la puerta a una opción impensada hace pocos años: ¿Enfrentará Cuba una operación similar a la ejecutada contra Nicolás Maduro el 3 de enero?

Expertos, politólogos e internacionalistas coinciden en que una incursión militar o una extracción quirúrgica contra Raúl Castro, hermano de Fidel, y líder histórico del castrismo, es técnicamente posible, pero discrepan sobre su impacto real sobre el sistema cubano, en una semana en la que los movimientos en el tablero militar recuerdan el preámbulo de la Operación Resolución, que hoy tiene en una prisión federal de Nueva York, a Nicolás Maduro y a su todopoderosa esposa, Cilia Flores.

El momento político tiene mucho que ver en esta opción real.

El régimen cubano atraviesa su momento de mayor vulnerabilidad en décadas, pero también hay analistas que no consideran del todo potable la captura de Castro, porque eso no significa que, necesariamente, se derrumbe la estructura de poder construida por la inteligencia militar cubana durante más de seis décadas.

El verdadero debate gira también sobre si Estados Unidos busca provocar una transición negociada, un quiebre interno o un rediseño total del equilibrio político en Cuba.

¿Raúl en el espejo de Nicolás?

La escena parecía imposible hace apenas unos años: el director de la CIA aterrizando públicamente en La Habana el mismo día en que el Departamento de Justicia de Estados Unidos anunciaba cargos criminales contra Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996.

Pero el tablero hemisférico cambió radicalmente después del 3 de enero, cuando comandos estadounidenses capturaron a Maduro en Venezuela en una operación relámpago que redefinió el alcance del poder de Washington en América Latina.

Desde entonces, la pregunta dejó de ser marginal: ¿podría Cuba convertirse en el próximo escenario? Las señales alimentan la hipótesis. Imdat Oner, ciencista político en el Jack Gordon Institute, advierte que existe un patrón parecido al que precedió el operativo venezolano: declaraciones ambiguas de la Casa Blanca, movimientos militares discretos y presión política creciente.

“No descartaría la posibilidad de una futura intervención militar en un escenario de ‘victoria rápida’”, afirmó, subrayando además la coincidencia entre la llegada del portaaviones estadounidense “Uss Nimitz” al Caribe en plena campaña contra Cuba.

La simultaneidad no pasa inadvertida para observadores militares y diplomáticos. Tampoco el despliegue logístico revelado por el Ejército estadounidense en Puerto Rico, donde Fort Buchanan confirmó operaciones activas de movilización de tropas, vehículos pesados y equipos militares hacia distintos puntos de la región.

Aunque Donald Trump aseguró públicamente que “no hace falta una escalada” porque Cuba “se cae a pedazos”, Washington endureció al mismo tiempo el lenguaje político y judicial contra La Habana.

La acusación contra Raúl Castro no es solamente simbólica. El Departamento de Justicia la presentó como un precedente histórico: por primera vez, altos funcionarios del régimen cubano enfrentan cargos formales en territorio estadounidense por actos de violencia internacional. Una muestra de que algo serio se cuece.

 

La doctrina de máxima presión

La ueva estrategia estadounidense recuerda el modelo aplicado contra Venezuela: aislamiento económico, presión judicial, fracturas internas y amenaza latente de acción militar.

Julio Shilling, politólogo, escritor y director de los foros políticos Patria de Martí y The Cuban American Voice, interpreta en un artículo de opinión difundido en su web, la visita del director de la CIA, John Ratcliffe, como un “ultimátum público” al régimen cubano.

Para Shilling, Washington habría enviado un mensaje inequívoco a la cúpula militar cubana. O cambian el sistema o enfrentarán una confrontación directa. Desde su óptica, el encuentro no fue diplomático, sino estratégico. Explica que Ratcliffe no se reunió con figuras civiles del régimen, sino con responsables militares y de inteligencia, entre ellos el ministro del Interior, Lázaro Álvarez Casas, y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, “Raulito”, nieto de Raúl Castro.

El objetivo de la audaz o provocativa visita habría sido explorar fisuras internas y medir la posibilidad de una transición desde dentro del aparato de poder. “El castrocomunismo nunca aceptará una transición pactada que ponga fin a su dominio”, afirma. “El cambio de régimen, si llega a producirse, tendrá que ser impuesto”, advierte.

Esa tesis conecta directamente con lo que algunos sectores ya llaman la “Doctrina Donroe”, una reinterpretación contemporánea del principio de seguridad hemisférica impulsado por Trump tras el caso venezolano: ningún Estado hostil, aliado de Rusia o China, puede consolidarse como plataforma estratégica cerca de territorio estadounidense.

La referencia no es menor. Washington ha señalado repetidamente la presencia de inteligencia rusa y estructuras chinas en Cuba como una amenaza de seguridad nacional.

¿Castro, objetivo militar real?

¿Es militarmente posible capturar a Raúl Castro? La respuesta corta de varios expertos es sí.

La isla está a apenas 144 kilómetros de Florida. Estados Unidos posee superioridad aérea, naval, tecnológica y de inteligencia abrumadora sobre Cuba. Además, la crisis energética y económica ha debilitado considerablemente la capacidad operativa de La Habana. Sin embargo, posibilidad no significa conveniencia.

Adam Isacson, de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), considera que una extracción de Raúl Castro “ciertamente es posible”, aunque extremadamente delicada por el simbolismo político y la seguridad que rodea al exmandatario cubano. Pero también advierte que el impacto estratégico podría ser limitado.

“No creo que afecte mucho la estructura de poder en Cuba”, sostiene. “La dinastía Castro es influyente, pero no es central para lo que construyeron”, señala en una entrevista con la BBC.

Ese punto es clave para entender la diferencia entre Venezuela y Cuba.

En Caracas, el poder de Maduro dependía en gran medida de una red personalista y militar profundamente erosionada. En Cuba, en cambio, el sistema fue diseñado durante décadas para sobrevivir incluso a la desaparición física de los Castro.

La verdadera columna vertebral del régimen no sería únicamente Raúl Castro, sino el aparato de inteligencia, las Fuerzas Armadas y la estructura empresarial controlada por militares. Por eso, varios expertos creen que Washington podría preferir otro escenario: forzar un cambio interno antes de ejecutar una operación militar abierta.

El debate de la lealtad

La opción que hoy parece ganar más fuerza en ciertos círculos de Washington es una transición controlada desde dentro del sistema cubano. La administración Trump ha dejado pistas en esa dirección. El propio presidente afirmó que ya mantiene conversaciones con actores dentro de Cuba. Marco Rubio, secretario del Departamento de Estado, por su parte, insiste en que “al final del día ellos tienen que tomar una decisión”.

La lógica sería evitar un colapso caótico en una isla ubicada frente a las costas estadounidenses, con riesgo migratorio, desorden regional y posible vacío de poder.

Michael Shifter, profesor de estudios latinoamericanos en Georgetown, cree que Washington intenta encontrar una fórmula parecida a la transición venezolana tras la caída de Maduro, aunque reconoce una dificultad fundamental: en Cuba no existe una figura equivalente a la sucesora del heredero político de Hugo Chávez. “No creo que haya una Delcy Rodríguez evidente en Cuba”, sostiene, también para la BBC.

Eso vuelve más complejo cualquier acuerdo de continuidad parcial del sistema. ¿Caería la dictadura si capturan a Raúl Castro? Probablemente no de inmediato.

A sus 94 años, Raúl Castro conserva enorme peso simbólico e influencia interna, pero el régimen cubano lleva años preparando una transición post-Castro. Capturarlo, eso sí, sería un golpe psicológico y propagandístico devastador para el relato histórico de la revolución, especialmente dentro de las estructuras militares. También tendría un impacto emocional enorme sobre el exilio cubano y sectores anticastristas en Florida.

 

Cuatro escenarios posibles

Pero los expertos coinciden en que la caída del sistema dependería de algo más profundo: fracturas reales dentro de las Fuerzas Armadas y del aparato de inteligencia. Sin quiebres internos, una captura podría incluso provocar un cierre represivo mayor. Entonces, ¿cómo podría liberarse Cuba? Las hipótesis hoy giran en torno a cuatro escenarios:

  1. Colapso interno gradual

El deterioro económico, los apagones, la escasez y el descontento social podrían erosionar progresivamente la capacidad de control del régimen.

  1. Transición pactada

Sectores del poder cubano podrían negociar con Washington reformas económicas y apertura limitada para garantizar supervivencia institucional.

  1. Golpe interno

Una facción militar o de inteligencia desplazaría a la vieja guardia para evitar una confrontación directa con Estados Unidos.

  1. Operación quirúrgica estadounidense

La opción más extrema: ataques selectivos, extracción de líderes o neutralización de instalaciones estratégicas.

 

Julio Shilling considera que esta última posibilidad sigue “sobre la mesa”, especialmente si fracasan las alternativas internas.

Más allá de si ocurre o no una operación militar, el mensaje estratégico ya parece haber sido enviado. La acusación contra Raúl Castro rompió un límite histórico. La visita pública del director de la CIA también. Y el precedente venezolano cambió la percepción regional sobre hasta dónde está dispuesto a llegar Washington.

La gran incógnita ahora no es únicamente si Estados Unidos puede actuar contra Cuba, sino si el propio aparato cubano entiende que el tiempo político de la supervivencia indefinida podría estar agotándose.