A pesar del revés electoral de su partido, reafirmó su decisión de atacar a la nación persa, considerándolo «la única solución» a largo plazo
El presidente Donald Trump no se detuvo ante la realidad de la derrota republicana en las elecciones del martes. En una declaración que resuena con la controversia de su política exterior, admitió que la guerra que inició contra Irán en febrero fue un factor clave en el resultado electoral, debido al aumento de los precios de los combustibles. Sin embargo, su postura fue clara: si tuviera que elegir de nuevo, atacaría Irán otra vez. «A largo plazo, es la única solución», insistió.
Durante un evento en la Casa Blanca para presentar las obras del Salón de Baile, Trump se mostró «totalmente dispuesto a aceptar esos resultados» y expresó su deseo de dialogar con los demócratas. «Esperamos poder trabajar con ellos. Probablemente lleguemos a algún acuerdo», dijo, aunque también advirtió que utilizará su poder de veto para bloquear iniciativas legislativas que no se alineen con su agenda.
El presidente se había involucrado profundamente en la campaña electoral, realizando más de una veintena de mítines en el último mes, con la intención de que las elecciones al Congreso se interpretaran como un referéndum sobre su gestión. Sin embargo, el resultado fue desalentador: los demócratas lograron mayorías amplias en el Senado y la Cámara de Representantes, lo que complica su mandato en los próximos dos años.
La tensión se intensificó cuando su vicepresidente, JD Vance, criticó la guerra en Irán, atribuyendo la derrota republicana a la impopularidad del conflicto. «La razón por la que perdimos es la guerra. El propio presidente lo dijo anoche», escribió Vance en redes sociales, dejando claro que la situación en Irán ha generado descontento entre el electorado.
Trump, al responder a las críticas de Vance, reconoció que el conflicto había «provocado un ligero aumento en el precio de la gasolina», pero reiteró su firme creencia de que no se puede permitir que Irán obtenga un arma nuclear. Desde que dio la orden de ataques conjuntos con Israel el 28 de febrero, el conflicto ha afectado el tráfico comercial en el estrecho de Ormuz, y sigue abierto ocho meses después.
La guerra y sus consecuencias parecen haber marcado un punto de inflexión en la política estadounidense, y el futuro de la administración Trump se presenta incierto en medio de un Congreso dividido.














